En una
disposición oficial del ayuntamiento de Madrid de 13 de julio de 1627, se aconsejaba la limitación de libros que debían
publicarse en el futuro, y la conveniencia de dificultar en lo sucesivo la
aparición de libros nuevos, basándose en una razón que para el legislador no
tenía vuelta de hoja: no convenía que se imprimieran más libros porque ya se
ha escrito bastante.
Esto mismo me
pasa a mi cuando tengo que escribir sobre los Bancos Centrales, pero aquí
seguimos. Después de la destrucción del Templo de Jerusalén por Tito y la
consiguiente diáspora de judíos por el orbe, cada vez que se juntaban estos
judíos en celebraciones, al despedirse empleaban siempre una frase: El próximo
año en Jerusalén. Con el mismo saludo se despide la FED en cada uno de sus
comunicados, redactados, parece ser, por José Mota: Hoy no, mañana.
Esta historia no
es mía, la contaba ya mi tatarabuelo las noches de otoño alrededor del fuego, y
yo se la contaré a mis hijos. El papelón está siendo de órdago. La conclusión
de todo esto es que no hay forma de salir del córner donde nos han metido estos
caballeretes. Siguen sin darse cuenta que estamos ante el final de un ciclo
económico de más de 35 años en el que todo el crecimiento lo hemos basado en el
crecimiento de la deuda; se ha intentado chapotear y sacar la cabeza para
respirar después de la ola que nos sepultó, y lo único que han encontrado para
asirse es más deuda; y claro, es imposible darle la vuelta. Cada vez que
intento normalizar las políticas monetarias el frontón me devuelve la pelota a
mayor velocidad. Cualquier mínima subida de tipos se lleva por delante a muchas
empresas que han jugado a la patada para adelante. La deuda gubernamental ha
subido apenas un 75% desde el año 2007, pasando de los 33 billones de dólares a
58 billones. Total, no se va a pagar
Nos lo vendieron como un ganar tiempo
para que los gobiernos hicieran las reformas necesarias para salir del marasmo
(en aquellos lugares donde haya gobierno, claro) y aquí seguimos. Siempre me
dicen que estaríamos peor si no se hubieran hecho estas cosas (algo así como la
antítesis de la situación de Angelina Jolie de haberme conocido a mí, en vez de
a Brad Pitt, que ahora estaría mucho mejor) pero yo tengo mis dudas. Y lo peor
es que las empiezan a tener también ellos. De lo dicho este mes por los Bancos
Centrales, lo más destacable es que, subliminalmente, han visto las orejas al
lobo en sus políticas de tipos de interés negativos y parece que la han dejado
aparcada. Lo primero para dejar de hacer el agujero más grande, es dejar de
cavar. La situación a la que estaban llevando al sistema financiero era de
quiebra técnica. Y eso es lo que les ha hecho pensarse las cosas dos veces (no
han pensado, por supuesto, en que se han cargado las teorías económicas, que
han liquidado al ahorrador o que la vida de las próximas generaciones está
totalmente hipotecada). Y ahora se encuentran con la disyuntiva de cómo seguir
soplando sin saltarse las leyes ¡Cómo si esto les hubiera frenado alguna vez!
En definitiva, que tendremos otra semana, día u horas en los que la esperanza
se impondrá de nuevo a la experiencia y los mercados volverán a apostar que hay
que comprar cualquier tipo de activo financiero. Luego vendrán las preguntas de
por qué la economía no reacciona a todos sus intentos de gaseosa. Y volverán a
alzarse voces preguntándose si toda la situación de desigualdades a la hora de
participar en la escasa tarta del crecimiento, no viene dirigida por estos
personajes encerrados en sus torres de marfil manipulando sus hojas de cálculo.
La situación
macro es la siguiente. El último dato de inflación subyacente en Estados Unidos
ha sido del 2.3% (la inflación subyacente es la que deja fuera los precios de
la energía y los alimentos, que se supone que son más volátiles) y el
crecimiento del PIB puede estar alrededor del 2%. Si lo combinamos con las
cifras de cuasi pleno empleo, tradicionalmente significaría que los tipos de
interés deberían estar en la zona del 4.5%-5%. Deberían haber subido los tipos
significativamente en el año 2014, pero les entró cagalera, y desde entonces
van por detrás de la curva, amenazados por los mercados con todos los males del
infierno porque el S&P 500 caiga un 3% después de haberse más que
triplicado desde el año 2009. El problema es que esos datos esconden unas
realidades más desagradables. Primero, ya saben que a mí la fijación en el PIB
me parece una boutade. En todo caso me fijaría en una cifra PIB-Incremento de
deuda (sigo pensando con inocencia e ingenuidad que se piensan devolver).
Segundo, las cifras de desempleo bajo, vienen acompañadas de tasas de ocupación
mucho menos brillantes (mucha gente ha
renunciado a trabajar y se conforma con las cartillas de alimentación para
comprar en Wal-Mart). El ciclo económico de crecimiento está agotado, los
márgenes de las empresas han empezado a caer, y los gastos de inversión de las
empresas empiezan a ser negativos. Los beneficios de las empresas, aunque las
cotizaciones no lo reflejen, llevan cayendo ocho trimestres consecutivos. El
crecimiento puede definirse como Demografía + Incrementos de productividad. La
segunda parte hace mucho que no crece. Todas estas circunstancias, cuando se
han dado juntas, han llevado a recesiones en el 75% de los casos en los últimos
30 años como me manda en un informe Guillermo Hermida. Y ese es el conundrum al
que nos enfrentamos, que diría Greenspan. La M-40 va fluida hasta que se
produce un frenazo en la Avenida de los Poblados, que produce un atasco en la
Carretera de Burgos de agárrate y no te menees. Y al ir a veinte por hora por
miedo a chocarme con el de delante se forma una fila tremenda detrás de mí, que
es lo que provoca al final el atasco que quería evitar.
Todo esto está
muy bien, pero ¿cómo repercute en los mercados? Pues todas estas desgracias
alimentan a los activos financieros. Siempre tengo presente el discurso de
Diciembre de 1996 que Alan Greenspan leyó ante la American Enterprise
Institution for Public Policy Research (también
en USA tienen gente para todo, que diría el torero):
Claramente una inflación baja sostenida,
implica menos incertidumbre sobre el futuro, y primas de riesgo bajas implican
mejores precios de las acciones y otros activos productivos. Podemos verlo en
la relación inversa exhibida por proporciones de precio/ganancias y la cantidad
de inflación en el pasado. ¿Pero cómo saber cuando la exuberancia irracional ha
escalado excesivamente los activos productivos, que entonces se convierten en
el sujeto de contracciones inesperadas y prolongadas como ha sucedido en Japón
en la última década?
La famosa
exuberancia irracional. En diciembre de ese año, el S&P 500 estaba en 760
puntos. Tres años y tres meses más tarde estaba en 1550. Había doblado su
precio. Vimos múltiplos totalmente estratosféricos y me dio una lección
fundamental: el timing lo es todo, y me dejó mucho tiempo libre para leer
Historia, Filosofía y Literatura en lugar de análisis financieros y de
empresas. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido. Si lo miro como
inversor, el panorama es desolador, y todos los activos están fuera de madre.
Por otra parte, cumpliendo las leyes de movimiento de Newton, si sobre un cuerpo no actúa ningún
otro, este permanecerá indefinidamente moviéndose en línea recta con velocidad
constante. Mientras no exista algo en el mundo que sirva como contrapeso a los
Pol-Pot de los Bancos Centrales, no tenemos que esperar que cambien las cosas,
y la estupidez llegue a cotas superlativas.
En fin, es una
pena que todos los que podrían solucionar esto, estén en el paro o en Twiter.
Buena semana,
Julio López Díaz, 22 de septiembre de 2016


