On the road
fue escrita en 1951, durante un intenso periodo de tres semanas. Fue
mecanografiada, a un espacio y sin separaciones entre párrafos, en un rollo de
papel de casi cuarenta metros de largo que Kerouac había hecho, pegando un
montón de hojas de papel cebolla. Durante el proceso de escritura, pasaba horas
frente a la máquina de escribir, sin levantarse; su fuente de energía eran las
anfetaminas, y no necesitaba comer ni dormir. El rollo servía para que no
tuviera que parar a insertar una nueva página. El resultado fue un flujo de
conciencia que brotó con entusiasmo a ritmo de jazz. Kerouac tomó la palabra
beat, que definiría a esa generación de escritores, de un timador callejero y
yonqui que la empleaba para referirse a la experiencia de no tener dinero ni
expectativas.
Llevo un par de
semanas visitando a gestoras, bancas privadas, etc y las conversaciones se
orientan siempre al mismo lado. Nadie tiene ni idea de lo que va a pasar. Pero
lo sorprendente viene después, cuando les preguntas qué tienen entonces en
cartera y te presentan una cartera que, en mi opinión, está sumamente expuesta a los vaivenes del
mercado. La razón es siempre la misma. No pueden quedarse por detrás de la
competencia si suben los mercados. Lo cual crea una paradoja de inversión
curiosa, que arrastra a todos. Nadie considera que sea una situación óptima de
inversión, pero todos están invertidos porque creen que el resto lo está. Y
además, nos creamos una red de protección ficticia, pensando que al estar todos
los jugadores igual, los Bancos Centrales no pueden dejar que les vaya mal.
La industria de inversión está montada de esta forma. Al final, los gestores
son más gestores pasivos que activos y sus posiciones no difieren mucho de la
media, y reaccionan sólo cuando lo hace el cliente final al suscribir o
reembolsar sus participaciones.
Esto, como
inversor, a mi me produce bastante inquietud. Cuando alguien te dice que no
tiene muy claro la situación, al menos debes pensar que las apuestas que
realice el gestor serán bastante comedidas y en el caso de que se equivoque,
las pérdidas no deberían ser necesariamente altas, pero ya vemos que la
realidad no es así. Claro, que más me preocupan los gestores que hablan de
certezas en el mundo de la inversión, cuando sólo jugamos con probabilidades.
Esos sí que tienen peligro
El principal
problema que tiene un inversor a largo plazo (nosotros, como estamos en el
corto plazo más rabioso, no tenemos este problema gracias a Dios) es pensar
cómo jugar la baza con las cartas que tiene, y si lo mejor es tener que pasar,
aunque tenga que pagar el peaje de estar en la mesa cada vez que le toque ser
mano. Para ejemplo, lo que está pasando en los mercados de bonos. Como ya
sabrán, los tipos de interés en Europa han estado penetrando fuertemente en
territorio negativo, alcanzando el bono a dos años alemán una rentabilidad
negativa del 0.70%, y el diez años alemán del -0.20%. El tramo que todavía tenía rentabilidades
positivas era el treinta años, que llegó a niveles del 0.40%. Pues bien, en apenas
tres días, su rentabilidad ha subido hasta el 0.63%. A lo mejor la cifra no les
dice nada, pero en román paladino, significa que la rentabilidad que pensabas
obtener en 12 años, la has perdido en esos tres días. A lo mejor vuelve a
recuperarse y no pasa nada, pero creo que los inversores deben ser conscientes
de los riesgos en que están incurriendo.
La complejidad
de la economía global se ha incrementado de forma exponencial en los últimos
años, como consecuencia de las políticas monetarias agresivas por parte de los
Bancos Centrales y por el aumento brutal de la deuda. Históricamente, aumentos
de deuda desembocaban en subidas de los tipos de interés. Este proceso se ha
quebrado en los últimos años, así que tenemos que aceptar humildemente que no
sabemos qué deparará el futuro, y que en esta situación, el gestor de nuestros
dineros debería construir una cartera No sé lo que va a pasar. Decía Gandhi
que no es muy sabio estar seguro de la propia sabiduría de uno. La destrucción
del precio del dinero lleva a una total falta de información veraz para tomar
decisiones. Los mecanismos de oferta y demanda no funcionan cuando el Soviet de
turno fija los precios, y éstos pasan a ser una herramienta política. En el
mundo actual, los participantes en el mercado han sido forzados a tomar cada
vez más riesgos que no saben medir y de los cuales no saben calibrar las
consecuencias.
Una muestra de
la confusión reinante la estamos viendo con las declaraciones efectuadas por
distintos miembros de la Reserva Federal americana durante la última semana.
Han expresado una variedad desconcertante de puntos de vista sobre si subir
tipos en su reunión de septiembre o no. Si el viernes Rosengren abogaba por
subidas y la bolsa americana se dejaba 600.000 millones de dólares en capitalización,
las del lunes de Brainard hacían recuperar casi dos tercios de la caída.
Movimientos brutales por las declaraciones de estos sospechosos habituales. Y
lo que me llama la atención son los movimientos previos de mercado de esos
días. Mientras el viernes las acciones venían cayendo antes del discurso; el
lunes, hicieron el movimiento contrario, y venían subiendo antes de que saliera
la grácil paloma Brainard. A mí me quedó la sensación de que alguien sabía el
texto de lo que iban a decir. ¿Saben cuánto dinero se puede ganar con esa
información? ¿Cuánto puede completar un alto funcionario su sueldo, filtrando
una información así? Descojónense de todas las tramas de la construcción que
hemos tenido en España en estos últimos años. ¿No es esperpéntico que hayamos
llegado a esta situación, y que tengan tanto poder estas personas? ¿Debemos
creer que los políticos que se dedican a las cosas económicas son más
íntegros y virginales que el resto? Quizá sea un producto negro de mi mente
calenturienta, pero cuando yo me inicié en los mercados, a mediados de los
noventa, sí que pude comprobar cómo un par de entidades sabían antes que las
demás los datos de inflación española, y tomaban posición previamente en los
mercados.
Como ven, todos
los mensajes van hoy en la misma dirección. Como decía Barton Biggs, no existen
relaciones o ecuaciones que siempre funcionen. Las soluciones cuantitativas y
las ecuaciones de asignación de activos fracasan invariablemente debido a que
están diseñadas para capturar lo que ha funcionado en un ciclo anterior,
mientras que el próximo ciclo sigue siendo un acertijo envuelto en un enigma.
¿Cómo va a reaccionar el mercado, si asistimos ahora a un ciclo alcista de los
tipos de interés? ¿El dinero que salga de renta fija, va a ir a acciones,
interpretándolo como una subida de inflación y de una recuperación de la
economía? ¿Se va a terminar el flujo de compras apalancadas de acciones? No lo
sabemos, y seguramente nos sorprenderá y hará lo contrario de lo que estemos
esperando.
Como decía
Shakespeare: El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los
que tienen miedo, muy largo para los que se lamentan, muy corto para los que
festejan; pero para los que aman el tiempo es eternidad.
Aquí estaremos
para contarlo. Buena semana
Julio López Díaz, 14 de septiembre de 2016


