Moción de censura

Contaba la siguiente historia
Tony de Mello. Una chica se encontró con una amiga a la que no veía hace tiempo:
“He oído que has roto con Tom ¿qué ha ocurrido?” “Sencillamente, que mis
pensamientos hacia él han cambiado. Eso es lo que ha ocurrido.” “¿Y piensas
devolverle el anillo de compromiso?” “¡Ah, no! Mis sentimientos hacia el anillo
no han cambiado”.

¡Qué mejor forma de contar lo que
está pasando en España, y la “volatilidad” de los sentimientos entre los
distintos partidos! Decía Julio Camba, que la envidia de los españoles no es
aspirar al coche del otro, sino que el otro se quede sin coche. O como aquel
otro español al que se le apareció el genio de la lámpara concediéndole un
único deseo, pero como contrapartida tenía que saber que lo que él pidiera, se
le concedería doblemente a su vecino, tras lo cual el español dijo “¡Quítame un
ojo!”.

Si miran los
periódicos del fin de semana, y leen los comentarios de los lectores a todas
las noticias derivadas de la moción de censura y el consiguiente cambio de
gobierno, el panorama es ciertamente aterrador. ¡Quién diría que está todo
calentito, cuando hoy mismo la temperatura de Madrid es cinco grados menos que
la de Oslo! Nos podemos quejar de los políticos que tenemos, pero la media de
lo que “sudan” esos comentarios en Internet varía entre los hunos de Atila y
los mongoles de Tamerlán. No iba a haber guillotinas suficientes en este país
para todo lo que se quieren usar. La verdad, no puedo sentir más que envidia
por cómo se toman las cosas en Alemania: una vez la gente va a votar, los
partidos intentan llegar a un tipo de consenso sobre lo que puede venir bien al
país. Las tesituras que se están planteando con los presupuestos hubieran hecho
feliz a André Bretón y demás surrealistas. Lo echa para atrás quien lo aprobó y
lo defiende el que no vio ni una sola partida para apoyar. Estos son mis
principios, si no les gustan tengo otros.

Lo curioso de todo, es que cuando
llegan al poder, tengo la sensación, que las políticas no varían tanto como
para estar a cara de perro en todo momento. Sólo hay que mirar a Grecia, donde
las políticas de Tzipras no se parecen en nada a las que prometía, y realmente
no se diferencian mucho de las que hacían conservadores o socialistas. Miremos
a Italia, y vemos a un partido como 5 estrellas aliándose con la Liga Norte y
apoyando leyes contra la inmigración. Yo tengo la sensación de que antes de
jurar su cargo, los meten en un cuarto oscuro y les dicen lo que hay, y las
consecuencias que acontecen si se salen de la línea trazada, sobre todo si
dependes de la financiación exterior para sobrevivir.

Para mí, lo más sorprendente de
lo que ha sucedido en la economía mundial en los últimos cinco años ha sido,
sin duda alguna, la recuperación del empleo. En muchos países desarrollados se
está en cifras de pleno empleo, desde el 3.5% en Estados Unidos, un 3.4% en
Alemania, un 2.5% en Japón o un 2.2% en la República Checa. Incluso Portugal
maneja cifras de apenas un 7.4%. Se puede decir que a nivel mundial, y salvo
contadas excepciones (España, Grecia y Sudáfrica, que superan el 15%) el
desempleo no es el principal problema (aunque sí lo reflejen las encuestas, lo
cual no deja de ser curioso). El principal problema futuro es precisamente ése,
que estamos en pleno empleo. Con todo el mundo trabajando, la mayoría de los
países no han dejado de crecer en deuda y en gasto público, descuadrando
permanentemente las cuentas públicas, esperando un crecimiento futuro que nunca
parece ser suficiente.

 Por ello, no me deja de parecer
un farol todas las quejas de Donald Trump sobre el recuperar empleos en la
industria americana, que es como intentar recuperarlos en la agricultura de
principios del siglo XX. Básicamente, no hacen falta nuevos empleos en esas
áreas que, para no engañarnos, son las de trabajos más duros y que deberíamos
estar encantados de que los hicieran máquinas. Zerohedge publicaba un gráfico
esta semana, bastante revelador de lo que estaba sucediendo en alguna industria
como la del petróleo y el gas en Estados Unidos. Con la caída del petróleo de
2014-2015, se puede ver como descienden a la vez el número de plataformas
petrolíferas y el número total de empleos directos en la industria (en mayo de
2015 había unos 700.000 empleos) hasta junio de 2016, llegando los empleos a
340.000 en esa fecha. A partir de ahí, comienzan a subir de nuevo las
plataformas petrolíferas en funcionamiento, hasta alcanzar casi la cifra de
2015, mientras que permanece plana la curva de empleos. En esta recuperación,
no se ha contratado a nadie. Se han empleado robots para acoplar los tubos de
extracción, una labor que antes era sumamente peligrosa. El nivel de eficiencia
se ha multiplicado, y donde antes eran necesarios precios del petróleo por
encima de los 70 dólares para ser rentable, las nuevas cifras se acercarán
mucho más a los 40-45 dólares. Intentar recuperar empleos en la industria se
antoja quimérico.

El principal problema no parece
ser pues el empleo, sino el coste del empleo. Si seguimos con los datos
económicos publicados en las últimas semanas, uno que siempre miro (pero parece
que sólo lo hago yo) es el de las tasas de ahorro americanas. Han vuelto a
marcar un nuevo mínimo cuasi histórico acercándose a tan solo un 2%. Esto,
obviamente puede ser visto como una confianza ilimitada en la buena marcha del
futuro (mirad los lirios del campo y los pájaros, etc.) pero yo pienso más que
la mayoría de la gente vive al límite, como se puede ver por las cifras de
deuda. Lo llamativo de esa deuda, es cómo está cambiando su parte del pastel en
esta recuperación. Antes, el principal trozo de la tarta de la deuda
correspondía a las hipotecas. A pesar de la subida de la deuda de las familias en
Estados Unidos, las hipotecas se encuentran en términos absolutos un 4% por
debajo de los niveles pre-crisis. Sin embargo, los préstamos para coches están
un 52% por encima, y los préstamos para cursar estudios un 131% por encima de
2008. Se cambia financiaciones en activos a largo plazo por gasto corriente. Si
a principios de los 70 las tasas de ahorro y deuda sobre ingresos eran muy
similares, en el rango del 13-15%, en la actualidad estamos en un 2.5 de
ahorro-22% de deuda.

Y la tercera parte del problema,
como ya les apunté la semana pasada con el caso argentino, es el constante
crecimiento del número de personas dependientes de algún tipo de ayuda
gubernamental, ya sea una pensión o una ayuda por desempleo. Las ratios de
cotizantes/receptores de ayuda no dejan de deteriorarse y es una muestra más de
inestabilidad para los déficit públicos.

Mientras se mantenga el
crecimiento económico, el tema parece ser más o menos sostenible, pero da miedo
pensar en un nuevo parón económico que desmantele el sistema.

Como dice un amigo, “el
contribuyente es una persona que trabaja para el gobierno, pero sin haber hecho
las oposiciones a funcionario”.

 

Buena semana,

 

Julio López Díaz, 05 de junio de 2018

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