Kim Jong-il

Estudiar la vida
de Kim Jong-il, el que fue dictador norcoreano y padre del actual presidente
Kim Jong-un (el Paquirrín de Pyonyang) sería realmente divertido, si no fuera a
la vez trágico. La propaganda del régimen comunista para glosar la figura del
antiguo líder, no tenía ningún tipo de rubor. A mí, me hacía particularmente
gracia la noticia en la que el líder coreano visitaba el primer campo de golf
que hubo en el país, cogió también por primera vez un palo de golf, y ni corto
ni perezoso se hizo una vuelta al campo de 7.000 metros, entregando una tarjeta
de 38 golpes por debajo del par del campo, incluyendo once hoyos en un solo
golpe. Para combatir el hambre, contrató los servicios del investigador alemán
Karl Szmolinsky para crear conejos gigantes. También se vanagloriaba de haber
leído más de 20.000 libros (digna lucha con nuestro Alfonso Guerra) y de que
dada su naturaleza divina (el día que nació apareció una nueva estrella en
el  firmamento), no defecaba (¿algún
médico patriota no ha pensado en que esto pueda ser una causa genética del
tipín del hijo?).

Pues de esos
barros vienen estos lodos, y la única fuente de agitación que hemos tenido en
un verano bastante anodino, donde ni los riesgos bélicos alteran las
cotizaciones de los mercados. Ya he leído algún artículo resaltando que, por
primera vez en la historia, la volatilidad de las acciones es inferior a la de
los bonos. Dejando a un lado estos fuegos artificiales, llegamos a la primera
cita clave para decidir qué camino coge el burro. Y después de mucho viaje, arriba
a una simple bifurcación. O los Bancos Centrales cortan el grifo o siguen con
el dispensador de metadona a tope. La decisión la van a tomar desde sus torres
de marfil donde la realidad llega bastante distorsionada. Siguen obsesionados
con la baja inflación, pero si salieran un poco a darse un garbeo por el mundo,
verán que ésta no tiene nada que ver con las políticas monetarias. Es un mundo
que ha cambiado de forma acelerada y dramática. Por un lado tenemos unos asalariados
con nula capacidad de negociación que aceptan lo que les digan (salvo que
puedan afectar a infraestructuras, transporte o recogida de basuras), con la
espada de Damocles permanente de “te cambio por un robot como protestes”. El
sector manufacturero ha sido el primero claro, pero la tendencia alcanzará a
los de cuello blanco y profesiones liberales. La globalización elimina muchos
intermediarios por el camino, y puedes comprar cualquier producto a través de
Alibabá y tenerlo en unos días en tu casa, y eso es siempre bajada de precios.
Ahondando en la herida, estos trabajadores de la cámbrica clase media ven cómo
les “confiscan” los excedentes de su trabajo vía tipos de interés negativos.
Para contrarrestarlo, pásense ustedes a renta variable, les dicen, justo en el
momento en que las expectativas de retorno de este tipo de activos es la más
baja de los últimos cincuenta años debido a las valoraciones estratosféricas
que han alcanzado. Los “camellos” de los Bancos Centrales que te metieron en la
senda de la droga asumen que son los que pueden arreglar tus problemas con
nuevos chutes. Históricamente, eran la heroína de los tipos bajos o la cocaína
de las compras de activos. Pasaron al crack de los tipos de interés negativos y
supongo que estarán con el tipo de Breaking Bad fabricando nuevas drogas de
diseño para el próximo mono.

Para resumir:

Camino de la
derecha. Sigo suponiendo que tengo el control de todos mis experimentos, puedo
controlar lo que pasa con la inflación y sigo las recomendaciones de los mismos
profesores universitarios con los que me reúno todos los viernes desde hace
treinta años con las chaquetas de tweed y compartiendo un whisky on the rocks.
Seguiré inundando de liquidez el mercado como única herramienta y continuaré
hinchando los precios de los activos, pensando que es una señal de fortaleza de
la economía. Negaré que mis políticas sean las causantes de las desigualdades
de renta y por lo tanto de populismos de todo signo, y volveré para agosto a
Jackson Hole. El principal argumento para sostener el edificio será que los
tipos de intereses reales no están realmente altos (y ciertamente seguirán
estándolo mientras no se incluyan los activos en el cálculo de la inflación).

Camino de la
izquierda (el lado del camino no introduce ningún lenguaje esotérico). Veo que
el mundo ha cambiado de funcionamiento y no todo pueden ser políticas
monetarias. Tengo que recuperar cierta credibilidad y asumo que mis políticas
no están terminando de funcionar, y que lo único que provocan son burbujas y
los estallidos de las mismas posteriormente. Dejo de tener como pensamiento
central la existencia de  un efecto
riqueza que hace necesario que los 
activos financieros e inmobiliarios tengan que estar permanentemente en máximos
históricos, ya que la participación de la población en los mismos es muy
minoritaria. Le doy más importancia a las consecuencias nefastas de un
estallido futuro de las burbujas, provocadas por las malas asignaciones de
inversiones, y menos a una cifra de inflación que realmente no puedes
controlar. Desincentivo la permanente especulación en activos financieros y que
el ahorro no se quede embolsado en papelitos y pueda mirar a proyectos en la
economía real. No tengo que pensar que el éxito de la política monetaria tiene
que verse reflejado en un precio de petróleo mucho más alto para sentirme
tranquilo, cuando la curva de demanda y de oferta del oro negro va por otro
lado.

El mundo está
cambiando, y el análisis del médico tiene que adaptarse para llegar a un
correcto diagnóstico. Los Bancos Centrales no pueden adoptar el papel de El
Caballero Negro de los Monty Phyton y seguir combatiendo de la misma forma, a
medida que me quitan los brazos y las piernas.

Mientras tanto
en los mercados, lo que está marcando el paso es la divisa. Todos los
movimientos veraniegos han sido derivados de lo que acontecía en el euro-dólar.
Cuando sube el euro, suben los precios de los bonos y se penaliza a los
mercados de acciones europeos. Incluso parece haberse roto la tendencia
histórica de flujos hacia el dólar cuando había cualquier tipo de conflicto.
Ahora, si hay posibilidades de guerra en Asia, curiosamente los flujos de
dinero van al euro y al yen. Pero lo divertido son las explicaciones a esos
movimientos. Los bonos suben porque al subir el euro, se piensa que le entrará
miedo al BCE y retrasará la política de normalización de tipos.
Sorprendentemente, lo que no funciona es la propiedad conmutativa (si los
precios de la deuda suben por retraso en la normalización, debería bajar el euro).
Nuestro objetivo del euro dólar ya se ha cumplido. Hemos vuelto a los mínimos
de 2012 y al sitio donde empezó el movimiento de despeñe del euro con el inicio
del QE europeo que lo llevó hasta el 1.04. Sería realmente sorprendente que el
movimiento siguiera al alza.

Dicen que en el
amor, el problema no son los gritos sino los bostezos. A los traders nos pasa
lo mismo, pero a los bostezos le llamamos volatilidad baja.

Buena semana,

Julio López Díaz, 07 de septiembre de 2017

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