Franklin D. Roosevelt

Franklin D. Roosevelt contrajo la
polio a los 39 años. Estaba de vacaciones y le dolían las piernas. Muy cerca,
vivía un cirujano que convencido de que la polio era una enfermedad que solo afectaba
a los niños, diagnosticó erróneamente una lesión de columna y recomendó masajes
en las piernas. Justo lo peor que puede hacerse en las primeras fases de la
polio. El tratamiento duró dos semanas y cuando otros médicos detectaron el
error era demasiado tarde. El masaje le causó una parálisis permanente. No sé
si esto será así médicamente, pero es como se cuenta.

Como ven, no sólo en la economía
no nos ponemos de acuerdo en cuál debe ser el tratamiento. Una opinión muy
extendida entre algunos economistas, es que nos encontramos en una fase que se
puede definir como estancamiento secular, es decir, crecimientos económicos que
no superan el 2%, acompañados de niveles altos de desempleo, o empleo de mala
calidad (empleo a tiempo parcial o bajas remuneraciones). Entre los papeles que
se pueden encontrar sobre este tema, uno que me parece importante remarcar es
el de James Montier, de GMO, que lo relaciona con la subida de los populismos y
el auge de las políticas neoliberales dominantes en la mayor parte del mundo.
En su escrito, el economista piensa que estamos en un sistema roto en cuanto a
su gobernanza económica, y que las características de ese sistema imperante
podían resumirse en cuatro: el abandono del pleno empleo como un objetivo
económico deseable y su sustitución por un sistema de inflación objetivo; un
incremento de la globalización, tanto de movimientos de gente, como de
capitales y de comercio; focalizarse las empresas en la maximización del valor
de los accionistas, en lugar de en la reinversión y el crecimiento; y por
último, la consecución de unos mercados laborales flexibles y un descenso del
papel de los sindicatos en las empresas.

Luego hay dos perspectivas sobre
este estancamiento; que es causado por una situación donde los tipos de interés
tienen que ser negativos para generar un retorno al crecimiento (explicación
por el lado de la demanda) o una segunda, en el que el lío lo tenemos por la
caída de la productividad (explicación por el lado de la oferta). El autor es
crítico con este planteamiento. Para él, el régimen neoliberal ha provocado
inflaciones bajas, bajas tasas de crecimiento, bajo crecimiento de la
productividad, un incremento en la desigualdad en términos de ingresos y
riqueza; una disminución de la seguridad laboral; y una perspectiva
deflacionista en la economía mundial sólo atenuada temporalmente por unos
niveles de deuda acumulada estratosféricos.

Los cuatro pilares del
neoliberalismo:

1)      Objetivo
de inflación. Se abandona la política de pleno empleo y se reemplaza por un objetivo
de inflación. Después de la IIGM, todos los gobiernos del mundo se dieron
cuenta de que podrían generar pleno empleo a través de políticas de gastos y de
impuestos. Estas políticas fueron muy efectivas en su momento y el período
posterior a la guerra se conoce como la Edad de Oro. Características: altos
niveles de empleo, crecimiento económico y una distribución equilibrada de los
ingresos y la riqueza. A mediados de los 70, sin embargo, estas políticas
fueron abandonadas porque se pensaba que causaban inflación. Esto fue un error,
porque realmente la inflación venía por el shock del petróleo, derivado de los
conflictos en Oriente medio, combinado por unas pobres relaciones laborales en
los países de habla inglesa, que condujeron a conflictos de clase y huelgas,
sobre quién debería soportar estos precios del petróleo más altos. Se empezó a
controlar el NAIRU, que es la tasa de empleo a la cual la inflación
supuestamente comienza a acelerarse. Este concepto, para Montier, no es
realmente observable directamente, y por lo tanto no somos capaces de decir
cuándo realmente cruzamos ese nivel. Sólo se sabrá a posteriori y lo asemeja al
miedo medieval de que hubiera dragones más allá de un punto del mapa. Aparte,
los economistas que lo defienden no se ponen de acuerdo en cuál debería ser
dicho nivel.

2)      Libre
movimiento de capitales, trabajadores, bienes y servicios. Uno de los gérmenes
del populismo, que percibe a los migrantes como los causantes de la pérdida de
puestos de trabajo y el descenso en los salarios. Para el autor, lo realmente
significativo son los movimientos de bienes y servicios, que en un primer
momento beneficiaron al consumidor americano vía bajada de precios, pero que
luego supusieron una bajada de la demanda doméstica y pérdida de puestos de trabajo.
Esto se puede ver en el constante incremento de las importaciones frente a las
exportaciones, y desemboca ahora en todos los miedos que tienen los ciudadanos
americanos a los Tratados de Libre Comercio. Esto trae numerosos
desequilibrios. La liberalización del comercio ha conducido a una
“decimización” de los trabajos manufactureros bien remunerados. En 1970,
alrededor del 25% de la fuerza laboral estaba empleada en el sector
manufacturero, cuando se encontraba al 9% en el año 2011. Aunque algo de esta
bajada tiene que ver con los avances tecnológicos, una porción grande se debe a
la liberalización del comercio.

3)      El
tercer pilar es el mantra de la maximización del valor para el accionista. Para
ello, se llevan a los altares algunos principios “teóricos”, como la eficiencia
de los mercados. Bajo un mercado eficiente, el precio actual de las acciones es
la mejor estimación de los cash flow futuros esperados, con lo que se maximiza
la riqueza maximizando el precio de las acciones. El siguiente concepto de “alineamiento”
de los directivos con los accionistas hace que los primeros tengan que ser
remunerados de una forma similar. La compensación monetaria y la propiedad de
acciones es la mejor forma de alinear estos intereses. La consecuencia real de
esta obsesión, es que los gestores de corta duración y centrados en las stock
options, prefieren focalizarse en la ingeniería financiera antes que en los
objetivos a largo plazo, como puede ser el crecimiento. Muchos gestores están
dispuestos a dejar pasar buenas oportunidades de negocio si esto supone que en
el próximo trimestre los números queden por debajo de las expectativas. Se
prefiere la monetización inmediata a la inversión. Esta obsesión por retornar
dinero a los accionistas es un auténtico estrés para la inversión y en algunos
casos lleva a potencialmente peligrosos apalancamientos, cuando se recurre a la
deuda para hacer frente a estos pagos. Esto lleva a un incremento de las
desigualdades si vemos quien se beneficia de las subidas de bolsa. El 1% más rico
posee cerca del 40% de las acciones, y si llegamos al 10% más rico nos vamos al
80% de las acciones. Otro ratio que se ha disparado es el ratio sueldo
presidente compañía versus compensación a trabajadores.

4)      El
cuarto pilar serían los mercados laborales flexibles. El concepto es que esa
flexibilidad lleva a una producción óptima. Existe un precio (el salario) y una
cantidad de gente dispuesta a trabajar. Un incremento de los salarios lleva a
que más gente quiera trabajar, mientras que si bajan los salarios, ocurre lo
contrario (¿puede llevar esto a que nos estemos encontrando con aparentemente
buenas cifras de empleo, porque la gente no esté dispuesta a trabajar por esos
salarios?). Los empleadores determinan los salarios que están dispuestos a
pagar y los ofrecen al mercado. Los trabajadores dicen si quieren trabajar a
ese precio y el número de horas, hasta que se alcanza un equilibrio. Por el
contrario, un mercado laboral no flexible es aquel en el que no se permite
ajustar los salarios. Esto ocurre porque los sindicatos organizan a los
trabajadores y demandan un salario que los empleadores no quieren pagar. Esto
conduce a un salario de equilibrio más alto y desemboca en un mayor desempleo.
Para el autor, sin embargo, esta teoría no está soportada por la evidencia. Si
fuera correcto, la tasa de sindicación estaría negativamente correlacionada con
la tasa de desempleo. Pero no es el caso. En USA cuando la tasa de sindicación
estuvo en niveles altos había unas cifras de desempleo muy bajas. También
despotrica contra aquellos que quieren eliminar el salario mínimo.

 

Como ven, en la economía siguen
teniendo cabida interpretaciones para todos los gustos, todas ellas respaldadas
por economistas reputados, que siguen sin aclararnos mucho al común de los
mortales, que por la mañana pensamos en negro y por la tarde en blanco. 

Como se decía del primer ministro
británico Lloyd George: “Habló durante ciento diecisiete minutos, periodo en el
cual solamente fue pillado una vez utilizando un argumento”.

Buena semana.

 

Julio López Díaz, 02 de junio de 2017

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