Edison tenía su casa de campo.
Allí le visitaban sus amigos, y uno se quejó de lo muy pesada que era la puerta
y de lo mucho que costaba abrirla.
– ¿De veras?-le preguntó Edison
fingiendo asombro.
– Sí, y creo que debería hacerla
arreglar.
– Bueno, el caso es que yo mismo
la arreglé hace poco. Puse un mecanismo
– Que no sirve para nada. Esta vez
se ha equivocado.
– Sí que sirve. Cada vez que se
abre la puerta, el mecanismo saca del pozo cinco litros de agua. Y así, gracias
a los que entran y salen, tengo siempre lleno el depósito del jardín.
Lo mismo parece haber inventado
el mercado. Volvemos a estar en la línea de salida y aquí los únicos que parece
que han sacado agua son los intermediarios financieros.
Una de las características más
resaltables de éstos, nuestros mercados financieros, es el alto grado de
concentración en una única idea, como si perdiéramos toda posibilidad de tener
capacidad de vista periférica. Cuando cogen un tema concreto, da igual lo que
pase en cualquier otra parte del mundo, que sólo tenemos ojos para todo lo
referente a una palabra. Por supuesto, una vez detectada y domada nuestra
visión gregaria, ya todo el trading se basa en el conocido risk-on/risk-off en
función del flujo de noticias correspondientes a ese tema. En los escasos 100
días que llevamos de año, el testigo del relevo se ha ido pasando sucesivamente
del riesgo de inflación al índice VIX. El tercer relevista fue el
proteccionismo (recuerden la definición de arancel de Ambrose Bierce: impuesto
sobre las importaciones concebido para proteger al empresario nacional de la
codicia de los consumidores) y el cuarto y último hasta ahora, los riesgos
geopolíticos en Oriente Medio. Todo para dejar a los índices bursátiles, de
media, tal como comenzamos el año. Primero se olvidó la inflación, luego los
riesgos de la subida de volatilidad, para terminar pensando que todos los
tweets de Trump no son más que fuegos de artificio, que forman parte de una
guerra de vídeo-juego.
Así que lo mejor es que hagamos
un ejercicio de recapitulación para ver cómo está el mundo. En el caso de la
inflación, vemos que está bastante controlada. En Estados Unidos está en el
2004, sin alcanzar siquiera cotas como las del 2.7% que vimos a principios del
año pasado o el 3.8% máximo del ciclo en 2011. En Europa está incluso más
contenida en los alrededores del 1.5%, consecuencia también de una mayor
apreciación del euro respecto al dólar. Incluso los bonos soberanos europeos
han vuelto a acercarse a sus máximos anuales, y en España incluso hemos
conseguido un nuevo mínimo en la prima de riesgo contra Alemania desde la
primera intervención de Draghi. Algo ha tenido que ver la mejora del rating por
parte de las agencias de calificación. Ahora les parece bien comprar bonos al
1.2% y no cuando estaban al 7% en 2012. Las cosas del mercado. Yo tengo mi
opinión sobre este movimiento, pero sale siempre de mi mente retorcida. La
no-subida de tipos pilla a muchas entidades financieras con el pie cambiado y
sin forma de producir margen financiero, y se lanzan a comprar a diestro y
siniestro para salvar los resultados de este año. Compro a 10 años, lo llevo
contra el tipo de intervención y gano 1.65 (el tipo a corto para los bancos a
día sigue estando en el -0.4%) y dentro de tres años espero estar prejubilado o
que me haya fusionado con alguien, y a correr. Es el caso opuesto a lo que está
ocurriendo ahora mismo con los bancos americanos, todas las reservas que se
generaron en la crisis por parte de la FED, están siendo remuneradas al 1.5% en
el día a día, y sin riesgo de curva. Lo que el mercado mira, más allá de los
tipos absolutos de tipo de interés, es la diferencia de tipos en la curva y si
ésta se aplana demasiado. El diferencial 2 años-10 años se encuentra ahora en
45 puntos básicos, por debajo de los 50 que muchos consideran críticos. Habrá
mucho miembro de la FED que no le guste esto y puede empezar a discrepar de la
subida de tipos. El aplanamiento de curva suele ser presagio de parón de la economía.
Muchos de los riesgos de
inflación venían derivados de que muchas economías estaban en casi pleno empleo
y que a los empleadores no les quedaría más remedio que subir salarios para
hacerse atractivos y competir con otras empresas para atraer al personal.
Aunque si ha habido subidas, éstas han sido moderadas. (En Estados Unidos la
última interanual publicada está en el 2.7%, cuando en el ciclo alcista
anterior a la crisis subían el 3.5%). Sin embargo, estamos asistiendo a nuevos
máximos de siete años en muchos metales, y a una subida a máximos de tres años
en el petróleo, fruto de los conflictos geopolíticos.
La economía mundial sigue
creciendo acompasada en todo el mundo, aunque muchos indicadores publicados en
el último mes empiezan a presentar cierta desaceleración. La economía americana
lleva uno de los períodos de crecimiento más largos de su historia, pero como
dicen los entendidos, los ciclos no mueren de viejos, sino porque hay algún
elemento que muta. No hago apuestas sobre esto.
El elemento que a mi me parece
clave y con el que llevo dando la matraca dos años, es el nivel de deuda
global. No lo he mencionado entre los conductores del mercado del primer
trimestre, pero sigue soterrado a la espera de saltar. La deuda de hogares,
empresas, bancos y gobiernos de todo el mundo sumaba al final de 2017, un total
de 237.2 billones de dólares, lo que es un nuevo récord, al incrementarse en 21
billones de dólares el año pasado. Los optimistas dicen que es sólo un 317.8%
sobre el PIB mundial, por debajo del 321% de hace un año. Lo curioso es que
este pequeño cambio viene acompañado de un acercamiento al máximo histórico de
la deuda de los hogares, y una disminución de la de las empresas. Si la
recuperación no dura para siempre, los riesgos de una recaída van a pillar al
mundo con un peor punto de salida que en 2009, con tipos ya muy bajos y sin
haber reducido deuda. Incluso el Fondo Monetario Internacional está empezando a
emitir algún mensaje hablando de que la persistencia de la laxitud monetaria
está provocando que crezcan las vulnerabilidades a medio plazo.
Y dicho esto, ¿cómo vemos los
mercados? En Bolsas y desde un punto de vista técnico tenemos dos cosas. Por un
lado, un factor estacional importante que hace del mes de abril uno de los
tradicionalmente más alcistas de bolsa. Por otro lado, el fracaso del mercado
para romper hacia abajo la media de 200 sesiones diarias del SP500, que para
muchos marca la diferencia entre un mercado alcista o bajista. Ha hecho dos
intentos en los dos últimos meses, y el rechazo es lo que ha provocado esta
recuperación de las dos últimas semanas. En 2008 la ruptura la hizo en el
cuarto intento. De momento podemos tener un par de meses de tranquilidad, y por
lo menos ya tenemos claro que esa ruptura (ahora mismo en los 2600) desencadenaría
una onda 3 que podría llevar al índice hasta la zona 2200-2000. Los niveles por
abajo parecen claros. Por arriba pensamos que estamos en un mero rebote y no
creemos que se hagan nuevos máximos, y que los mercados deberían pararse cerca
de los niveles actuales. Lo más llamativo del rebote ha sido la recuperación de
los índices europeos frente a los americanos. Me da la impresión de que vamos a
entrar en una zona lateral. Este movimiento lateral también parece verse en las
divisas.
En definitiva, creo que vamos a
meternos en una rutina más aburrida que la que hemos vivido desde comienzo del
año.
Alguien definía la vida así:
breve periodo que se divide en dos partes; durante la primera se desea que
venga la segunda, y durante la segunda se desea que vuelva la primera.
Buena semana,
Julio López Díaz, 19 de abril de 2018


