El día 10 de
diciembre de 1870, tuvo lugar un duelo entre el diputado Paul y Angulo, y
Felipe Ducazcal. Este último había aceptado el duelo en lugar del general Prim,
que no podía aceptarlo como primer ministro. El duelo tuvo lugar en Las Ventas,
en los alrededores del arroyo Abroñigal, lo que es hoy la M-30. El duelo fue a
pistola y al quinto disparo, la bala de plomo dio en la cabeza de Ducazcal,
penetrándole por el oído. Dándole por muerto, Paul y Angulo abandonó el lugar.
La bala se alojó en el temporal y pudo el herido recuperar el conocimiento,
pero los medios de la época impidieron que el proyectil pudiera ser extraído.
Pasaron los años, sucedieron la Monarquía de Amadeo I y la Primera República, y
una noche la bala se movió y acabó con la vida de dicho personaje.
Este es un tema
que me tiene totalmente absorbido. El de las consecuencias secundarias
posteriores a las decisiones que tomamos. Pensamos en la resolución inmediata y
no las derivaciones del aleteo de la mariposa. A los que les interese el tema,
les recomiendo el libro Freaknomics de Stephen Dubner y Steven Levitt, que
analiza lo que podríamos llamar el lado oscuro de todo. La semana pasada batí
con holgura el record Guinness multianual de mencionar a los Bancos Centrales
en cualquier carta o documento. Han sido 253 cartas seguidas en que aparecían
al menos una vez. Cada cual tiene sus neurosis. Esta semana, sin embargo, me
han salido competidores por todos lados que los han llamado de todo, menos
bonitos. El símil más repetido es el del vehículo que se ha salido de la
carretera. A mí, me recuerdan más a esos dibujos animados que corren por el
precipicio a toda velocidad hasta que miran hacia abajo y caen en la cuenta de
que hace ya unos metros que se acabó el suelo. El resultado, ya saben es que
desaparece el personaje, queda sólo el sombrero en el aire y la siguiente
escena es un agujero en el suelo con la forma en cruz del personaje. Los
mamporros les han venido de todos los lados. Por supuesto, del ministro de
Economía alemán (nada nuevo), de muchos presidentes de bancos europeos y de
alguien que podría sorprender a los menos duchos en las estadísticas, como es
el presidente italiano Renzi. ¿Italia? ¿Pero cómo se pueden quejar los
italianos, si no podrían pagar su deuda pública sin la ayuda de su compatriota
de Frankfurt? Se preguntan. Pues por un
matiz muy importante. Los principales tenedores de deuda italiana son los
propios italianos (a diferencia de España, donde necesitamos imperiosamente el
capital extranjero para la financiación) y la bajada de tipos de interés está
aminorando la renta disponible de los hijos de Garibaldi, y cuando hacen sumas,
restas y factorizan polinomios por Ruffini, el resultado que les queda es que
ni siquiera son las gallinas que entran por las que salen, sino que el consumo
se ve lastrado mucho más en esta coyuntura. Son más ahorradores que deudores.
Es uno de los efectos secundarios de lo que venimos contando entre lágrimas y
destrozos de camisas. La acción de los Bancos Centrales, lejos de ayudar al
crecimiento, produce el efecto contrario. El dinero queda embolsado en activos
financieros (el día que se incluyan como medida de inflación veríamos qué pasa)
y no circula, a la vez que aumenta el ahorro. Hemos hecho un pan con unas
tortas.
Las medidas, en
un primer momento ayudaron a las entidades financieras a recuperar beneficios
vía revalorización de los activos, pero ahora el segundo efecto pernicioso es
que con los tipos a cero o negativos, no les da para mantener el negocio ni
cubrir sus gastos financieros, con lo que terminan por preocuparse de sus
balances y no dar nuevos créditos. El efecto tsunami, cuando vuelve la ola, es
tremendamente destructivo. Pero la palabra que más se repite en todos los
análisis y foros es CREDIBILIDAD. Es la palabra fundamental en un sistema
fiduciario como el que hemos montado. Las vigas que sustentan esta Torre de
Babelque hemos construido, con la que queremos llegar a desafiar a los Dioses
haciendo subir los activos financieros hasta sus dominios celestiales, es la fe
en la omnipotencia de los chicos de los Bancos Centrales. Si se empieza a dudar
de el único idioma sobre la Tierra, entonces surgirán nuevos lenguajes que
se dispersarán por la tierra confundidos por el SEÑOR. El pecado de Soberbia de
los banqueros centrales traerá su penitencia. La pregunta es clara ¿Por qué
continúan con sus políticas acomodaticias, si no han conducido al crecimiento
económico y lo único que han conseguido es crear una burbuja de activos? La
respuesta no es tan evidente, pero el sentimiento que les domina es que han
estirado tanto el chicle, han dejado que aumentaran tanto de nuevo las deudas,
han propiciado que las empresas utilizaran la financiación barata para
recomprar acciones, que les aterra que el mercado ponga en precios reales
esos activos, y nos encontremos de nuevo con un 2008. Han perdido toda
posibilidad de tener el arsenal con algo de munición en el caso de ver de nuevo
al enemigo de la depresión llamando a las puertas. Cuando en 2014 comenzaba la
recuperación, les entró el pánico a la deflación y metieron toda la leña en la
locomotora. Ahora ven como el último vagón (el sector bancario) está a punto de
perder la argolla que le une al resto del convoy. Antes, el problema era que
tenían activos dudosos en sus balances. Ahora, la nueva vuelta de tuerca es la
voladura de su negocio central por la ausencia de beneficio. Su tradicional
fuente de beneficio (depósitos a corto y préstamos a largo con una pendiente de
la curva creciente) está roto, y los Bancos Centrales no saben cómo
compensársela.
Después de la
caída de los bonos de hace dos semanas, las hordas compradoras han vuelto a la
carga y han llevado de nuevo la rentabilidad del diez años alemán a -0.15%.
¿Qué hay detrás de este movimiento? En mi opinión, que el mercado no confía en
que se vaya a encontrar una solución a la falta de crecimiento. El BCE, como
comentaba en un papel Fernando Fernández esta semana, ha asumido un
protagonismo que no le correspondía, al intentar remediar una crisis que no era
esencialmente monetaria. Y al hacerlo, ha entrado en un territorio que le es
ajeno, el de la economía política, un juego no necesariamente cooperativo. Para
concluir con los problemas europeos son estructurales y la política monetaria,
por creativa que sea, no podrá resolverlos.
Para ver el
fracaso de esta política sólo hay que ver el nivel de reservas que mantienen
los bancos comerciales en las cuentas del BCE todas las noches (alrededor de los
900.000 millones de euros). No parece que haya mucha demanda de crédito
(solvente al menos) y lo que se pone en cuarentena es si estamos ante un
problema de falta de demanda agregada o es un problema estructural de oferta,
que requeriría medidas totalmente opuestas.
El segundo tema
llamativo de la semana es la multitud de quejas de muchos gestores que
consideran que es imposible ganar dinero en la situación actual de mercado con
tipos en negativo, valoraciones de acciones astronómicas y ningún tipo de temor
en los activos de crédito. Realmente es así. El mes de septiembre está siendo
totalmente espasmódico en movimientos y con una falta de confianza casi total
en cualquier posición que se tome. Yo creo que triunfan en esta actividad
aquellos que saben cuando luchar y cuando no. En mi opinión hay que mantener un
perfil muy bajo ahora mismo en el mercado y estar dispuestos a calentar en la
banda antes que salir lesionado a jugar.
Buena semana,
Julio López Díaz, 29 de septiembre de 2016


