Cinco monos

Desde que el mercado se ha
despertado de su sueño, y ha caído en la cuenta de que las acciones también
pueden ir hacia abajo, y no sólo hacia arriba, los conductores de la guagua son
lo que podemos llamar “las tres T” (Tecnología, Trade y Twitter) y se ha dejado
en un segundo plano (aunque a mí me sigue pareciendo principal) todo lo
referente a las políticas menos expansivas de los Bancos Centrales. Incluso los
papeles del mundo están cambiados, y el régimen comunista chino (aunque parezca
mentira se sigue autodenominando así, para ser miembro con derecho de voto si
no tienes cuentas de nueve dígitos, te para el gorila en la puerta) parece ser
el valedor del comercio mundial. Como gesto de buena voluntad hasta están
dispuestos a abrir su sistema financiero a la presencia de extranjeros. (En un
momento en que el balance de los bancos chinos es de 40 trillones de dólares,
más o menos el 50% del PIB mundial, y tres veces el PIB de China, cuando por
ejemplo los bancos americanos tienen 17 trillones de dólares en activos y menos
de una vez el PIB americano). Yo no sé quien se inventó la expresión “engañar
como a un chino”, pero me da que tenía los ojos rasgados…

De las cuatro pantallas que tengo
en mi puesto, una ya está dedicada las 24 horas del día a la cuenta @POTUS de
Twitter, que como ya sabrán es la del presidente americano. Cada vez que se
ilumina, es que viene algún zambombazo a los mercados. La diarrea verbal del
sujeto es lo que mueve ahora mismo a los inversores, y cada vez que suelta algo
sube el pescado. Hasta ahora, el mercado se lo toma bien, reacciona un poco a
la baja y encuentra soporte a la espera de que algún discípulo en la Casa
Blanca haga de poli bueno y mitigue los exabruptos del presidente, y que nunca
lleguen a cumplirse las amenazas. Master en Técnicas de Negociación Avanzada,
lo llaman. Al final nos vemos obligados a operar sobre una línea delgada, pero
siempre dándole más peso a que nunca va a pasar nada. Una de las cosas que más
me sorprende de los mercados, es que sigan jugando como si estuviéramos viendo
las probabilidades en una distribución normal, y no en un modelo binomial como
en el que yo creo que nos estamos metiendo de lleno, en que los riesgos de cola
están siempre infraestimados.

Ahora que JJ ya se ha incorporado
entre nosotros, vuelve a recordarme el ejemplo de los cinco monos como creación
de un paradigma. Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en
cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos. Cuando
uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos, los científicos
lanzaban un chorro de agua fría al resto de los monos. Pasado algún tiempo, los
monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando
un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos. Después de haber
repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a
pesar de la tentación de los plátanos. Entonces, los científicos sustituyeron a
uno de los monos por otro nuevo. Lo primero que hizo el mono novato nada más
ver los plátanos fue subir por la escalera. Los otros, rápidamente, le bajaron
y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos. Después de algunas
palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió la escalera. Un segundo
mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que ocupó su lugar. El primer
sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo. Un tercero
fue cambiado, y se repitió el suceso. El cuarto, y finalmente el quinto de los
monos originales fueron sustituidos por otros nuevos. Los científicos se
quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca
una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar
hasta los plátanos. Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué
pegaban con tanto ímpetu al que subía a por los plátanos, con certeza ésta
sería la respuesta: No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así.

Después de nueve años de subida
ininterrumpida de la Bolsa americana, a cualquiera que ha intentado vender
acciones, le ha caído el chorro de agua helada y poco a poco ha ido desistiendo
o directamente se le ha expulsado del mercado (sólo tienen que recopilar lo
dicho por muchos gestores históricos que han ido cerrando sus fondos). Cada vez
que caía el mercado, comprar ha sido la operación más lucrativa para el
personal. Y además los ganadores han ido acumulando poder en forma de más
activos bajo gestión. El escenario que se nos plantea ahora es cómo reaccionará
el mercado si perdemos esa maravillosa media de doscientos días del SP500, que
está actuando como el Muro de Hielo en Juego de Tronos, salvaguardando de
momento el espíritu alcista del mercado y de todos aquellos que moran en él.
Mientras aguante, pasaremos frío pero estaremos seguros. Si se quiebra,
tendremos una onda tres bajista que suele ser devastadora, y que es la que hay
que vigilar, porque como ya hemos mencionado otras veces; es el punto de
inflexión donde los fondos de tendencia se dan la vuelta y donde cambiamos de
humor. ¿Cómo reaccionará el mercado? ¿Será una caída ordenada o totalmente
caótica? Las cuatro fuerzas que han dirigido la subida (incremento de balance
de los Bancos Centrales, recompra de acciones de las empresas y fondos pasivos,
y un amor irrefrenable y lascivo por la tecnología) empiezan a perder brío o
incluso a girar (la Reserva Federal ya está reduciendo balance) y en otros
casos, como las recompras, parece que han gastado mucho de su munición en el
movimiento de recuperación de febrero-marzo. La tecnología empieza a perder su
lado sexy, y oírse los tambores de guerra de la regulación o peticiones de
particiones de empresas que suelen acabar como el rosario de la aurora con las compañías. Los movimientos a la baja son generalmente
“despreciados” porque se utiliza la
teoría de las probabilidades, en la que
se intenta jugar con datos fríos, en lugar de la del caos, y lo que podemos
llamar efecto acumulación o de salida estrecha que está profundamente
influenciado por las ciencias sociales y del comportamiento, que no siempre se
pueden reducir a un número. En la teoría de la probabilidad uno trabaja con
experimentos estadísticos del tipo “se lanza una moneda 100 veces…”, en el que
se pueden obtener como resultado muchas series diferentes y estudiar el
resultado. Cuando se considera el problema del caos, y por ejemplo se intenta
medir la temperatura en un mismo punto, tú puedes hacer mediciones durante el
año pero sólo obtienes un dato. No puedes tener cientos de datos de la
temperatura en un lugar dado en un momento determinado. La teoría del caos
estudia las series cuando los resultados de las mediciones tienen un límite
mientras el tiempo tiende a infinito y cómo describir ese límite. El ecosistema
es inestable, y pequeñas perturbaciones en las condiciones originales conducen
a grandes perturbaciones después de cierto tiempo. 

Por otro lado, empezamos a ver
algunas empresas, de las denominadas aburridas, que han llegado a precios
interesantes. Seguramente veamos un trasvase a este tipo de empresas, desde
empresas de beta alta y crecimiento, en un momento en que los indicadores
económicos a nivel mundial empiezan a mostrar cierta ralentización.

El hombre no deja de jugar porque
se vuelva viejo, se vuelve viejo porque deja de jugar. De momento el juego
sigue vivo.

 

Buena semana,

Julio López

 

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