El 22 de junio de 1812, Napoleón
Bonaparte (1769-1821) comenzó la invasión de Rusia, campaña que significó el
comienzo del fin del gran imperio francés. También un 22 de Junio, pero de 1941,
Adolf Hitler (1889-1945) se atrevió a invadir Rusia. Es decir, el mismo día con
129 años de diferencia, dos enormes imperios se enfangaron en una lucha contra
Rusia que tendría fatales consecuencias para ambos. Pero es que hay más,
Napoleón nació en 1769, y Hitler en 1889, 129 años. Napoleón tomo el poder en
1804 y Hitler en 1933. Napoleón entró en Viena en 1809, Hitler en 1938.
Napoleón perdió la guerra en 1815 y Hitler en 1945.
Una de las cosas que más me tiene
entretenido estos últimos tiempos es leer toda la literatura que haya sobre los
ciclos económicos y poder ver más allá de la primera fila del bosque que
tenemos enfrente y que no pasan de ser una serie de precios que se mueven. Me
gusta por ejemplo cómo lo cuenta Ray Dalio, nuevamente en primera plana de los
periódicos por sus comentadas posiciones cortas en grandes valores europeos.
Explica que en el ciclo de negocio, la disponibilidad y el coste de tomar
prestado es conducido por lo que digan los Bancos Centrales, mientras que en lo
que él llama la ola del ciclo largo, esa disponibilidad y coste del crédito
depende de factores que no controlan esos Bancos Centrales. En un ciclo de
negocio estándar (posiblemente lo que hemos tenido hasta el año 2008), los
Bancos pueden empujar a una economía lánguida bajando los tipos de interés.
Pero en la fase de desapalancamiento del ciclo largo, dejan de tener influencia
bajando tipos, porque estos ya se encuentran a cero. Este hecho del
desapalancamiento casi lo tenemos que tratar como una leyenda, porque es una
cosa que no hemos visto en los últimos ochenta y cinco años (algo que puede
acercársele, como es la crisis de 2008, es realmente un trasvase de
apalancamiento privado a apalancamiento público). Y vuelvo a insistir, como en
mis últimos dos años de cartas: ni los mercados ni las economías se comportan
igual cuando hay una recesión (que sí las hemos vivido, aunque de forma breve)
que cuando hay un desapalancamiento (el ejemplo más cercano lo tenemos en el
Japón de la última década del siglo pasado, pero de forma aislada).
Dalio, incluso, se permite hablar
en términos mucho más largos y de forma muy histórica, y distingue cinco tipos
de etapas por las que pasan todos los países.
Etapa 1. Los países son pobres y
piensan que son pobres.
Etapa 2. Los países empiezan a
crecer rápidamente, pero todavía piensan que son pobres.
Etapa 3. Los países son ricos, y como
diría Julio Iglesias
, y lo saben.
Etapa 4. Los países empiezan a
empobrecerse y todavía piensan de ellos que son ricos.
Etapa 5. Los países empiezan a
desapalancarse y tienen un declive relativo contra otros países, que son lentos
en aceptar.
En mi opinión, Reino Unido está
en esta última etapa, y Estados Unidos empieza a tener comportamientos
similares tras un siglo de dominio (supongo que tampoco lo vimos venir en su
momento españoles, franceses e ingleses). Pero veamos cómo define la cuarta
etapa, donde pueden estar la mayoría de países occidentales.
Es la parte de apalancamiento: se
incrementan las deudas relativas a los ingresos, por ejemplo, hasta que ya no
se puede más, porque el gasto sigue siendo muy fuerte. Piensan que siguen
siendo ricos, aunque su balance empieza a deteriorarse. El reducido nivel de
eficiencia en la inversión en infraestructuras, bienes de equipo e
investigación y desarrollo hace reducir las ganancias de productividad. Sus
ciudades e infraestructuras se vuelven viejas y menos eficientes de lo que eran
en las etapas anteriores (por eso el intento de Trump de renovación). La
posición de su balanza de pagos se deteriora, reflejando esa reducción de
competitividad. Se confía en la reputación y en la historia cercana, más que en
la competitividad para financiar esos déficits. Es una fase en la que se
dispara el gasto armamentístico para proteger sus intereses globales. A veces,
pero no siempre, los países ven como al déficit de balanza de pagos le acompaña
un déficit fiscal. En esta fase se suelen dar burbujas. Estas suceden porque
los inversores, los hombres de negocios, los intermediarios financieros y los
encargados de las políticas económicas tienden a asumir que el futuro será como
el pasado inmediato y apuestan fuertemente por la continuación de la tendencia.
Erróneamente, suponen que las inversiones que han crecido mucho distan mucho de
ser caras, por lo que se endeudan para comprar negocios, lo que hace subir los
precios y reforzar el proceso de burbuja. Las burbujas explotan cuando el
crecimiento de los ingresos y los retornos de las inversiones se quedan cortos
respecto a lo esperado y no pueden afrontar el pago de la deuda (¿han visto la
publicidad de préstamos que dan el 100% de la inversión, nuevamente, y con
tipos reducidos?). Las pérdidas financieras derivadas de la explosión de la
burbuja contribuyen al declive de la economía del país. Lo que caracteriza esta
etapa es la acumulación de deudas que no pueden devolverse en un dinero no
depreciado. Este proceso conduce a la siguiente etapa.
En la quinta etapa, después del
estallido de la burbuja y cuando se produce el desapalancamiento, el
crecimiento de la deuda privada, el gasto del sector privado, el valor de los
activos y la riqueza neta, disminuyen en un proceso cíclico negativo que se
retroalimenta. Para compensarlo, crece la deuda de los gobiernos y los déficits
públicos, y los Bancos Centrales empiezan a darle a la maquinita de imprimir
dinero. En un primer paso, se bajan los tipos de interés y se incrementa el
crecimiento del PIB nominal para poder repagar las deudas. Como resultado de
los tipos de interés bajos, la debilidad de la divisa y las pobres condiciones
económicas, su deuda y su capital se comportan pobremente y cada vez más estos
países tienen que hacer frente a la competencia de países menos caros que están
en los albores de su desarrollo. Su moneda se deprecia y esto les gusta. Como
extensión de estas tendencias económicas y financieras, los países ven su poder
en el mundo declinar.
Dadas las tendencias demográficas
que nos vienen, y la dificultad que van a tener todos los gobiernos del mundo
para tomar decisiones no dictadas desde cabeceras de manifestaciones, la única
salida posible tendría que venir de un incremento importante en la
productividad. Incluso estoy empezando a ver algún informe especializado más
optimista sobre la creación de empleo en nuevos sectores a ritmos más
importantes de lo que pensábamos, que puedan compensar la pérdida de trabajos
sustituidos por robots. Mejor pensar en eso que en otras tendencias que vemos
en prensa estos días (creación de un Ministerio de la Soledad en Reino Unido, o
que la feria de armas de Florida haya marcado nuevos máximos de asistencia el
fin de semana siguiente a la última barbarie en un colegio).
También a destacar los pasos que
se están dando en China para cambiar las leyes que limitaban a dos los mandatos
de su presidente. Xi Jinping va camino de eternizarse en el cargo, y lleva
varios años cargándose a todo el que puede hacerle sombra, curiosamente,
acusándoles siempre de corrupción. Lo de abandonar el poder parece que cuesta.
Para que luego digan que no nos copian fuera; el modelo BBVA tiene sus
seguidores en todo el mundo.
Buena semana,
Julio López Díaz, 28 de febrero de 2018


