Fred Kaiser,
ejecutivo de la Detroit-Michigan Stove Company, contaba una lección que le
había dado su hija sobre lo que es el arte de vender. Su hija insistía siempre
en comprar las chuches en una determinada tienda. Las chuches eran las mismas
en todas las tiendas, pero la niña insistía siempre en la misma tienda, a la
que acudían también gran cantidad de los niños del barrio. Finalmente, le
preguntó un día a su hija, la razón de que prefirieran ir a la tienda de Bob.
Bob nos da siempre caramelos de más – contestó la niña-. La chica de la otra
tienda siempre nos quita alguno. Tras investigar un poco, Kaiser dedujo que los
dependientes de la tienda grande siempre echaban más de una libra en la bolsa
de la báscula y luego sacaban algunos caramelos hasta conseguir el peso
solicitado, mientras que Bob hacía lo contrario, ponía de menos y luego añadía.
Aunque el resultado final era el mismo en ambos casos, los niños estaban
convencidos de que hacían un mejor negocio con Bob.
La verdad,
llevamos una semana de lo más interesante. Por un lado, Janet Yellen vuelve a
cambiar su discurso, habiendo pasado apenas un mes desde el anterior. Había
echado más chuches de las debidas a las subidas de tipos y ahora ha quitado
alguna de la balanza. Si en junio tenía
cierto sesgo halcón, en julio ha sacado a relucir toda su candidez e inocencia
y ha vuelto a un tono palomo suave. Los americanos, que habían visto como les
ponían la música de sevillanas para echarles de la fiesta, se han arrancado de
nuevo y han vuelto a la pista de baile a darlo todo al ritmo del I will Survive
de Gloria Gaynor. El discurso de mi adorada Janet revela, sin embargo, dos
cosas bien meridianas. Por un lado, que las presiones inflacionistas siguen
brillando por su ausencia a nivel global, y segundo, que los inversores
prefieren dejar a media luz y escondido en la sentina del barco, que los
capitanes del navío están navegando en un banco de niebla permanente y no ven
más allá que el cocinero, profano en temas de náutica. El miedo a la subida de
tipos ha remitido y se ha pulsado a tope el botón de GO ON. El intento de
marcha atrás de los Bancos Centrales a sus medidas expansivas vuelve a ser un
mero espejismo. Y desde el punto de vista tradicional, razón no les falta.
Históricamente, el principal riesgo de darle a la impresora era que se nos
dispararan los precios. En la economía moderna eso no ocurre. Si nos alejamos
de lo que leímos en su momento, en los oscuros días de la universidad, vemos
que la realidad del mundo está cambiando. Las teorías de muchos economistas
premiados con el Nobel, sirven ahora de envoltorio vintage para hacer algún
regalo y poco más. Hay tres factores que lo cambian todo en la economía, como
son la globalización, la tecnología y la demografía en occidente, que hacen que
la principal variable de los costes de los productos (los salarios) se
encuentre totalmente estancada. Por supuesto, que hay campos que escapan de
esta espiral deflacionista (educación, sanidad) o sectores que pueden tener un
movimiento convulsivo temporal (lo estamos viendo en el sector hotelero), pero
la tendencia general es a la baja. Como ejemplo paradigmático, lo vemos en el
sector de las telecomunicaciones, en el que se imponen tarifas planas por
servicios cada vez mayores y sin poder monetizar el estratosférico tráfico por
Internet. La inflación en la zona euro ya va por el 1.3% alejándose del deseado
2%, e incluso la vapuleada Gran Bretaña por la depreciada libra esterlina, ha
anunciado una inflación mensual con una desviación de -0.3% respecto a lo
esperado. La capacidad de subir precios las empresas, en la mayor parte de los
sectores, es nula. Si intentas subir precios, siempre aparece una nueva app que
los baja. La desintermediación de los productos y la transparencia en la
formación de precios es brutal.
Lo curioso es,
una vez más, la respuesta de los mercados. Si la razón argumentada en el
movimiento alcista de final de año era el llamado reflation trade, por el que
las empresas iban a poder subir los precios de sus artículos, ampliar márgenes
y en definitiva, ganar más, ahora que no se cumple la mayor, no parece un
problema para la subida de las cotizaciones. Se vuelve a dar relevancia a la
famosa put de los Bancos Centrales. ¡Tú coge todo el riesgo del mundo, que aquí
estamos nosotros para respaldarte! Volvemos a la montaña de liquidez, al no hay
alternativa y demás… Lo que eran medidas heterodoxas y momentáneas pasan a
ser habituales y permanentes. Las leyes del mercado que fueron suspendidas
temporalmente para que los mercados no explosionaran, no parece que puedan
volver a reactivarse. Volveremos a la volatilidad cero y a premiar a los
propietarios del riesgo. Toda inversión parece buena, incluso las malas pueden
extenderse en el tiempo a costes asumibles. Se juega con que la alternativa
siempre será peor, y nos volveremos a quejar de las desigualdades en el reparto
de la riqueza, ya que se volverá a premiar a la parte más rica, que son los que
poseen activos financieros, etc., etc. Otra consecuencia la estamos viendo, una
vez más, en el tema de las divisas. La limitación de las subidas de tipos en
USA ha desembocado en una apreciación del euro y una consecuencia inmediata en
las bolsas, la subida relativa de la bolsa americana respecto a la europea.
Vuelven a surgir los fantasmas de que Europa se vuelva a parar por la pérdida
de competitividad de las exportaciones. Como ven, los temas son siempre los
mismos. Como el Guadiana, desaparecen momentáneamente para volver a aparecer.
Veremos la intervención de hoy de Draghi si mitiga, como su colega americana,
sus declaraciones anteriores. Si todo va bien corre el riesgo de que el euro
se le vaya al 1.2 contra el dólar y puede suponer un riesgo claro para Europa.
El otro tema
relevante es que hemos asistido a un nuevo máximo histórico de las empresas
tecnológicas americanas, después de las dudas de hace unas semanas sobre sus
altas valoraciones. Como dice Eric Peters, en un mundo de dinero creado del
aire, los precios altos no están nunca equivocados, únicamente pueden ser
tempranos. La verdad es que los mercados de acciones son cada vez más binarios.
Las cinco empresas tecnológicas más grandes (Facebook, Google, Amazon, Apple y
Microsoft) son ya el 14% del índice S&P 500 y el 43% del índice tecnológico
Nasdaq. Ellas solas, representan el 38% de la subida del índice americano de 500 empresas. Cuanto más
grandes, más las compran todos los fondos pasivos, alimentando la bola. Estamos
asistiendo a cambios en el mundo con una velocidad endiablada. Por ejemplo, una
práctica muy usada en los mercados está siendo la compra de Amazon y venta de
todas las acciones de tiendas de distribución. Y con consecuencias derivadas en
otros sectores, como en el de los locales. Estamos asistiendo a cierres diarios
de grandes malls en USA y a la subida de la morosidad en los créditos
respaldados por los mismos. La
publicidad es otro sector con grandes cambios, y los paganinis van a ser las
cadenas de televisión tradicionales. ¿De verdad existe alguien que todavía
aguante ver una película con cortes de diez minutos? Estamos en un momento en
que unas cuantas empresas parecen monopolizar todo el flujo de inversión, algo
parecido vimos en el año 2000. En aquellos tiempos, tenías días que el Nasdaq
subía un 3% en una sesión mientras que el SP500 podía estar bajando. Ahora todo
el mundo habla de Big Data, Inteligencia Artificial y Realidad Virtual. Falta
por ver la monetización de todo esto. En el tema de Inteligencia Artificial, me
han llamado poderosamente la atención las declaraciones de Elon Musk, el
visionario presidente de Tesla, hablando de los peligros de la misma y abogando
por su regulación antes de que sea demasiado tarde. Se acerca Terminator
De
todas formas, una de las cosas que veremos en los tiempos venideros será la
llegada de nuevas empresas que parecerán únicas y disruptivas, con un éxito
inmediato, una subida estratosférica en su valoración, y seguramente un ciclo
de vida más parecido al de las crisálidas que a la de los elefantes. La
velocidad de sustitución será inmensa. Una empresa llegará al top y puede estar
fuera del mercado dos años más tarde. Lo estamos viendo ya con Uber. Habrá
empresas que darán alegría a sus accionistas y otras que verán cómo miles de
millones de dólares de valoración serán cenizas.
Buena semana,
Julio López Díaz, 20 de julio de 2017


