Churchill

Ahora que vuelve a estar muy
presente Winston Churchill en pantallas de cine y en series de televisión, me
trae a la memoria esa frase suya tan demoledora 
“Pasé más de la mitad de mi vida preocupándome por cosas que jamás iban
a ocurrir”. Eso nos pasó a nosotros en la gestión el año pasado. Normalmente
los mercados suelen dar alguna oportunidad a lo largo del año para comprar el
mercado a precios razonables, pero el año pasado esta situación no se dio en
ningún momento. La máxima caída que tuvimos en el S&P 500 en todo el año
fue de un 3%. Básicamente, no dejó entrar a nadie que no fuese capaz de subirse
al tren en marcha. Si miramos lo que comentan muchos gurús y analistas, este
año no parece que vaya a ser muy distinto. La economía va viento en popa,
tenemos la rebaja de impuestos americana y unos tipos de interés que subirán
ligeramente, pero sin estallar la burbuja creada. Una vez más, predomina la
idea de que sean superados los ciclos económicos y tengamos un crecimiento
lineal permanente; que se ha encontrado la piedra filosofal. No parece existir
nada que pueda perturbarnos. Alguien decía que la confianza es esa sensación de
tranquilidad y seguridad que uno tiene antes de estamparse contra el suelo.
Nada es más peligroso que la unanimidad y la complacencia. Pero igual de
peligroso es dejarnos llevar por nuestras opiniones y que el mercado las siga
religiosamente. Los temas que nos han preocupado todo este tiempo, desde un
punto de vista macroeconómico, y que no se han solucionado en esta aparente
salida de la crisis (mantenimiento de un endeudamiento alto, que el sistema sea
capaz de funcionar sólo bajo el paraguas protector de la intervención
permanente de los Bancos Centrales, la pérdida permanente de renta disponible
del factor trabajo respecto a los beneficios empresariales, el predominio de una
moral de mercado que invita a la especulación porque los costes serán
afrontados por el conjunto del sistema) no han tenido un peso excesivo para el
conjunto de inversores.

 ¿Y todo esto, cómo se come y sobre todo, cómo
se gestiona? El año pasado, si algo nos dejó, fue mucho aprendizaje (eso quiero
pensar) e intentar jugar con las cartas que nos han repartido y no con las que
nos gustaría tener. El mercado ya no es lo que era, eso está claro. A lo largo
del año pasado, pudimos ver como muchos gestores de los de toda la vida
cerraban sus fondos ante la imposibilidad de rentabilizar el dinero de sus
clientes. Los tipos de interés en negativo y la volatilidad por los suelos
fueron vientos de cara para todos los fondos, que como el nuestro, intentan
descorrelacionar con los mercados. Es una dinámica que domina no sólo los
mercados de activos financieros, sino que abarca muchos otros campos. Hemos
llegado a la conclusión de que el dinero es algo abundante y que, como en el
paraíso perdido, crece en los árboles y sólo hay que alargar un poco el brazo y
cogerlo. La especulación campa a sus anchas por todo el orbe. Vemos como se
paga 500 millones de dólares por un Leonardo y 222 millones de euros por un
futbolista como Neymar. Y que esto tiene un efecto arrastre que hace que se
pague 50 millones de dólares por un Twombly o 180 millones por un Coutinho. El
mundo de las criptomonedas que tanto he defendido, en muchos casos se está
yendo de madre. Hemos presenciado el nacimiento de nuevas criptomonedas como la
Jesús Coin. Si uno se mete en su web se encontrará con la siguiente portada:
“Para celebrar el 2017 aniversario de Jesús, su moneda, en toda su gloria
descenderá de los cielos. Todo aquel que tenga 1 ether recibirá 1 Jesús Coin.
Estate seguro que tu ether está en tu cartera ethereum, así tú también podrás
bañarte en la gloria de la moneda de Jesús. Gracias a este milagro navideño,
dentro de una semana, Jesús Coin será listado en alguna de las más importantes
bolsas. Los tres Reyes Magos ofrecieron oro, incienso y mirra, pero nosotros no
somos tan cutres ¡este año te traerán Jesús Coin!” (Sin comentarios). Si
miramos el gráfico de la centenaria Eastman Kodak, que el lunes cotizaba a 3.10
dólares, veremos con sorpresa que su valor se ha multiplicado por cuatro en dos
días y su volumen negociado por 400 después de anunciar la emisión de su propia
criptomoneda, con el propósito de usar la tecnología blockchain para reflejar
la propiedad intelectual de los fotógrafos.

Cambiando de tercio, pero
incidiendo en el tema del mundo en el que vivimos. El otro día leía un artículo
de un periodista que se quejaba amargamente porque en su profesión, la
información de calidad, sensible y determinante para la toma de decisiones, ha
sido condenada por la estadística. El mundo de lo instantáneo, en el que la
reflexión tiene poca cabida. La levedad del pensamiento echa por tierra al que
se baja del autobús. La mass media crea sus tendencias e ídolos y pobre del que
no se consagre a lo inmediato. Leyendo un artículo sobre el ahora afamado y vilipendiado
productor de Hollywood Harvey Weinstein, llegaba a la conclusión de que los
mercados son un reflejo fiel del propio ser humano. Todo el mundo sabía que el
personaje era un animal y a nadie le preocupaba, porque, a ver quién era el
guapo que no quería participar en la siguiente película. De hecho, cuando Rose
McGovern, la primera actriz que denunció los hechos, hizo su primera acusación,
la principal reacción fue crucificarla. Todo el mundo sabía cómo era el campo
de juego, pero casi nadie reaccionó. Luego, eso sí, todos vamos después con el
traje negro a la cena… En los mercados financieros pasa lo mismo. Ninguno
estamos cómodos con las valoraciones de los activos, pero ay de aquel incauto
que levante la mano o gestione de forma distinta, o imaginativa o simplemente amarrategui. Las posibilidades de que no
cuenten con nosotros para la próxima película son muy altas. Y ese es el cruce
de caminos en el que nos encontramos, que nos hace estar extraordinariamente
alerta por un lado, y por otro, que el extraordinario mercado alcista que hemos
visto estos años aplique la máxima de Keynes de que los movimientos de mercado
pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu
solvencia. Conclusión… que podemos ver de todo 
y tenemos que tener la suficiente cintura para jugarlo.

Todo el mundo está centrado en la
tecnología, pero estamos teniendo ejemplos de que los famosos “unicornios”
pueden llevarse sustos importantes, o incluso ataques cardiacos casi
definitivos. Estamos viendo los vaivenes de la valoración de Uber sin haber
salido todavía a mercado y después de haber alcanzado valoraciones tremendas.
Otro ejemplo de algo que sí cotiza, lo tenemos con Go Pro. Go Pro es una
compañía americana que todos conocéis, que vende cámaras personales de alta
definición, muy utilizadas para grabar deportes extremos. La empresa fue
fundada por Nick Woodman en 2002 y salió al parqué en 2014. A los tres meses de
su salida a bolsa, la acción se había revalorizado un 145% y llegó a valer
alrededor de los 15.000 millones de dólares. Ese año, su máximo ejecutivo tuvo
una remuneración total de 287 millones de dólares, llegando a ser el directivo
mejor pagado del mundo. Tan solo tres años y medio más tarde, la acción ha
caído un 92% desde sus máximos y la empresa vale unos 900 millones de dólares.
La competencia se ha llevado por delante una empresa tecnológica pionera y
puntera, pero con un producto perfectamente copiable. Y todas estas variaciones
de valoración las ha hecho sin llegar a ganar dinero nunca. Los ciclos de las
empresas, en muchos casos, duran lo que un caramelo en la puerta de un colegio.

En definitiva, empezamos un nuevo
año apasionante para los mercados. Me quedo con la frase que me dijo un amigo e
inversor cariñoso después del año pasado. “Experiencia es lo que obtenemos
cuando no obtenemos lo que queremos”.

Buen año,


Julio López Díaz, 11 de enero de 2018

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