Bobby Fischer

Durante la
disputa de unas partidas simultáneas de ajedrez, el gran maestro Bobby Fisher
le comió la dama a su rival, pero éste volvió a ponerla en el tablero al irse
el estadounidense al siguiente tablero. Continuó el juego normalmente y el
hombre se vanagloriaba ante los espectadores de que el genio no se había dado
cuenta. Siete jugadas más tarde, Fischer volvió a comerle la dama, pero esta
vez se la metió en el bolsillo y se la llevó sin mediar palabra.

Durante este
año, siempre que teníamos la casi certeza de que empezaba una corrección, al
final nos encontramos con la incómoda sensación de que alguien vuelve a poner
la dama en el tablero y vuelve a empezar a jugar con ventaja.

2º de la ESO de
economía. El precio de cualquier activo se fija allá donde se crucen la demanda
con la oferta. De Perogrullo, ¿verdad? A partir de ahí, habría que fijar cuales
son los factores que influyen en esa demanda y en esa oferta. Sin embargo,
muchas veces nos puede nuestro discurso macro y sale nuestra vena musera, y empezamos a calcular la
segunda derivada de las cosas o las implicaciones que tendrán a largo plazo, y
si son sostenibles los márgenes de las empresas o si la montaña de deuda no
deja de crecer. Sin embargo, el franciscano inglés  Guillermo de Ockham, ya en el siglo XIV tiró
por la calle de en medio y definió un principio que se denomina como la navaja
de Ockham y que viene a decir que la explicación más sencilla es probablemente
la explicación correcta.

Todo el
movimiento de subida del precio de los activos financieros o inmobiliarios
viene explicado por esto. En el lado de la demanda, todos los bancos centrales
del mundo comprando hasta los cromos de los Phoskitos, intervenciones brutales
que han llevado a descubrir que la piedra filosofal buscada en la Edad Media,
eran realmente los tipos de interés negativos. Tener que pagar intereses por
prestar tu dinero. Esto que nos parecía escandaloso, ahora es comúnmente
aceptado. Como con la corrupción, te acostumbras a todo lo que digan las
mass-media. A los bancos centrales se les unieron muchas empresas que no sabían
qué hacer con su dinero y recompraron sus propias acciones, y a rebufo el 1% de
los más ricos del mundo que disponen de más dinero que consumo y que en algún
sitio lo tienen que meter. Por el lado de la oferta de títulos, la verdad es
que hemos tenido unos años con las menores salidas a bolsa de todo el siglo
XXI, si lo comparamos con todas las empresas que salieron a finales de los noventa.
Este es el relato de los hechos. Otra cosa es que siga sin entender por qué han
hecho lo que han hecho los que lo han hecho.

Por eso el
discurso  al que nos hemos agarrado desde
comienzos de año es que la FED acabaría con las inyecciones de dinero y no sólo
eso, sino que empezaría a drenar dinero del mercado, y se irían apagando las
luces de la fiesta. Pensábamos que el mercado lo anticiparía y pondría freno a
la subida. La realidad está siendo bien distinta, aunque la FED ha subido un
par de veces los tipos de interés y va a comenzar a vender bonos, lo está
haciendo de forma muy cautelosa y con los tacones clavados en el suelo. Si  a esto le unimos que el resto de los Bancos
Centrales han vuelto a esprintar como locos en cuanto han visto el cartel de una
meta volante, nos encontramos con una situación invariada. En cuanto el mercado
ha corroborado que el BCE iba a ampliar el tiempo de compra de activos, ha
vuelto a tener subida tanto de acciones como de bonos. Nuevos mínimos de
rentabilidad en bonos basura y todo el mundo en búsqueda de cualquier tipo de
activo que le dé un par de pipos.

Sigo sin
entender, por ejemplo, porqué la inflación tiene que crecer en todo el mundo al
2%.     ¿Quién cojones ha fijado esa
cifra, que todo el mundo repite como un mantra? ¿Es mejor que un 0%? ¿Mejor que
un 1%? ¿Mejor que un 3%? No he encontrado a nadie que me lo explique.  Nos hacen creer que tenemos que estar
contentos por que suba el precio del petróleo, que suban las materias primas y
porque suba el precio de las casas. Ahora el otro mantra que hay en los
mercados es las bondades de los recortes de impuestos para el mercado de
acciones. No hay ningún estudio empírico que demuestre incremento de la
actividad económica con una bajada de impuestos. Claro, que era cuando una
bajada de impuestos implicaba menos gasto público a realizar. Si vamos contra
un nuevo incremento de déficit y del stock de deuda y no pasa nada, tendré que
volver a meter la cabeza debajo del agua. Hacemos con los impuestos lo mismo
que hemos hecho con los tipos de interés, traer a valor presente todos los
flujos futuros. Ordeñar la vaca pensando que seguirá dando la misma leche
mañana, aunque la hayamos dejado en 30 kilos de peso.

El otro pájaro
en la mina que me preocupa es el nivel de complacencia del mercado. Estados
Unidos lleva desde el día de la elección de Trump sin caer un 3%. El mercado se
ha habituado a comprar cualquier ligera caída del mercado. La fuerza de las
máquinas y, por qué no decirlo, seguir la estrategia que ha dado dinero. La primera
ley del movimiento de Newton, un objeto permanecerá en reposo o con movimiento
uniforme rectilíneo a menos que sobre él actúe una fuerza externa. Los que
hemos estado esperando algún tipo de corrección para comprar nos hemos
equivocado hasta ahora. Sigo pensando que cuando llegue esa “fuerza externa”
tendrá un movimiento mucho más fuerte de lo que pensamos, por estar todo el
mundo en el mismo barco. Un ratio que me ha convencido mucho para medir esta
complacencia es el CAPE/ VIX que puede traducirse por Precio/Preocupación.
Ahora mismo está en 3, cuando alcanzó un 1.97 en el año 2000 ó 2.34 en 2007.

Esta semana ha
habido los primeros avisos de que algo está cambiando. Empiezan a alzarse voces
de peligro de recalentamiento en la economía alemana. Una noticia que me ha
parecido curiosa y muy significativa de los efectos secundarios perversos de
las extensiones cuantitativas. Nueva Zelanda ha prohibido la venta de casas ya
construidas a extranjeros, como medida para prevenir el encarecimiento de la
vivienda a los locales. Y el último, y manda huevos, es que el BCE habla de los
riesgos de complacencia en los mercados, cuando son una consecuencia de sus
propias decisiones. El último tirón del mercado ha venido provocado por las
tecnológicas que todos sabemos. Han alcanzado unas capitalizaciones totalmente
escandalosas. ¿Cuánto van a tardar algunas voces significativas en quejarse del
excesivo poder de estas empresas? Veremos ataques contra ellas ya sea por
excesiva cuota de poder y de dominio, o ya por el tema fiscal.

O no… ya decía
Calderón de la Barca que vivimos en un mundo triste que al que está vestido
viste y al desnudo lo desnuda.

Buena semana,

 

Julio López Díaz, 10 de noviembre de 2017

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