Richard Burton

Richard Burton no fue sólo uno de
los más temerarios exploradores de todos los tiempos, sino también un
polígrafo, un intelectual, un erudito y un hombre que amaba a las mujeres.
Llegó a dominar 25 idiomas con un total de 40 dialectos. En la India sorprendió
a todos por su capacidad prodigiosa para aprender indostaní, gujaratí y
maharatí, así como persa y árabe. Sus mejores profesores fueron sus amantes
exóticas y múltiples. Tradujo las mil y una noches y el kama Sutra y fue uno de
los mejores espadachines de su tiempo, en sus dos acepciones.

Me pregunto cuántos más idiomas
hubiera aprendido Richard Burton, si hubiera sido trader en la actualidad, en
que nos pasamos ocho horas mirando las pantallas, para ver que al final del día
los precios son muy similares a los del inicio. ¡Cuánta energía perdida!

En estos tiempos en que parecen
haber desaparecido las estaciones, en que el verano parece prolongarse de forma
indefinida en el tiempo, sin que nada parezca alterarlo, las semejanzas con los
mercados financieros son claramente evidentes. Llevamos ya un mes en el que los
movimientos entre máximos y mínimos en las bolsas apenas llegan al 1%. Hemos
vuelto a alcanzar esa perfecta Plateau de la que hablaba Fisher en 1928, de
cotizaciones permanentemente altas y economía a velocidad de crucero constante.
Nada parece agitar nuestro descanso en la mecedora, nos hemos acostumbrado al
incómodo mosquito que se posa de vez en cuando en nuestra rodilla (Trump,
huracanes e inundaciones, las declamaciones del norcoreano) pero ya apenas nada
disturba nuestro sopor, el ventilador sigue a tope pero apenas reduce el
sofoco, y el barman mexicano de la barra, ya hace tiempo que descartamos que
fuera realmente un narco a sueldo que nos persiguiera. Nos podemos echar la
siesta tranquilamente y pasarnos una vez al mes por el banco a ver cómo van
nuestras fructíferas inversiones. Incluso los inversores más pesimistas hace ya
tiempo que optaron por subirse a una silla, tirar una cuerda por la viga y
hacerse un nudo doble Windsor en el cuello y comenzar un inquietante balanceo
que les llevara a otro mundo que pudieran entender, o por el contrario
asumiendo el papel de presidente de alguna Generalitat, ver por dónde viene la
gente y ponerse en cabeza de la manifestación, sumándose a la manada. Incluso
en China se han olvidado ya del Libro rojo de Mao y acaban de poner en marcha
una nueva dinastía gobernante, la dinastía Xi que espera reinar las próximas
veinte o treinta generaciones.

Estamos en la típica situación en
la que miremos donde miremos, no vemos ninguna señal  de alarma que altere el benévolo escenario.
Hemos encontrado justificación para todo, para las altas valoraciones (siempre
comparándolo con tipos cercanos a cero, cualquier inversión parece
recomendable), para eliminar los ciclos económicos o para justificar políticas
monetarias laxas ad eternum. Ya nadie se puede poner por delante sin estar
dispuesto a escuchar las befas continuas del público. Los niveles de alcistas
contra bajistas vuelven a máximos de treinta años. Son todo señales de estar
alerta, porque el avión ha metido más pasajeros que asientos, pero cuando
decimos esto tenemos que reconocer que lo hacemos ya con la boca pequeña y sin
mucho entusiasmo.

¿Qué puede alterar esto? Pues
sinceramente, ni idea. La subida de tipos en Estados Unidos (el diez años está
en un nivel crítico técnico, el 2.40%, donde su ruptura haría encaminarse
dichos tipos primero al 2.60% e incluso al 3%) sigue interpretándose como un
reflejo positivo de la buena marcha de la economía y no como una prueba de
stress para la valoración de las compañías. La retirada de dinero de la
economía por parte de la Reserva Federal, que yo asimilaba a cuando te ponen
las sevillanas en las bodas (fin de fiesta), también parece ser tomada por
alguno como que estamos en una boda gitana de las que duran varios días y se
han vuelto a lanzar a la pista. Las medidas fiscales que finalmente parece que
van a ser implementadas pueden volver a ser un nuevo impulso en el que vuelve a
ser despreciado el incremento de deuda pública estratosférica que conlleva. En
Japón hemos batido un nuevo record de cincuenta años, de subida consecutiva del
índice de acciones (15 sesiones) debido a la reelección de Abe y el
mantenimiento de la política de intervención monetaria sin límites. Los Bancos
Centrales siguen temerosos de pinchar el globo actual y siguen auspiciando la
creación de burbujas. Ningún economista de la última encuesta de Bloomberg
espera una contracción económica ni en 2018 ni en 2019, esperando una media de
crecimiento de la economía americana entre el 2.2% y el 2.4%. Existe un
consenso casi absoluto de que tenemos una economía robusta y vigorosa.

La economía española, a expensas
de lo que pueda pasar con el tema catalán, sigue manteniéndose fuerte, con unas
similitudes increíbles con el ciclo anterior a la crisis. Los precios de los
inmuebles en las ciudades vuelven a estar por las nubes (otra vez sector
construcción) y las amenazas sombrías del déficit de la balanza comercial
vuelven a aparecer (cada vez que crecemos disparamos las importaciones de
consumo) alcanzando en su última lectura el peor dato de los últimos dos años
(24.200 millones de euros año contra año). Sólo en agosto un déficit de 3.227
millones de euros, el mayor desde 2011, que viene acompañado de una reducción
de los precios de exportación y un aumento del 3% en los precios de las
importaciones. La diferencia con respecto a la crisis anterior son 600.000
millones más de deuda pública y un empleo que todavía no ha alcanzado las
cifras de 2007.

La volatilidad de las variaciones
de los activos financieros sigue en el subsuelo. Desde 1990, la media del VIX
ha estado en el 19.5% y tendía a moverse a la par que el CAPE (Ciclically
Adjusted Price to Earnings). Ahora nos encontramos volatilidades del 10% y CAPE
acercándose al 30%. La estrategia más negativa este año, muy por encima de
estar corto en el mercado, ha sido estar largo de volatilidad, estrategia que
parecía sumamente lógica si nos basáramos en los comportamientos históricos.
Para aquellos que sigan queriendo basarse en datos históricos, pueden mirar el
ratio precio de las commodites respecto al índice S&P, que está marcando
mínimo de cincuenta años.

El rally que hemos vivido los
últimos ocho años es definido por algunos como el rally más odiado de la historia,
por la cantidad de gente que ha estado fuera del mismo. Los 15 billones de
nuevo dinero imprimido por los bancos centrales, la actividad desmesurada de
recompra de acciones por parte de las empresas y la represión financiera hacia
los ahorradores de los tipos de interés negativos, han dibujado un panorama de
difícil interpretación (en mi caso). La apuesta decidida por una sociedad que
jalea la especulación financiera, la financialización de todo y el ir
alimentando burbujas periódicamente, no deja de sorprenderme, pero es lo que
tenemos en el campo de juego. Si a eso le unimos los 2 billones en gestión
pasiva

(indudablemente la vencedora de
este último quinquenio) el dinero que se ha metido en private equity, en
inmuebles y en fondos ilíquidos, todas las estrategias de modelos que
permanentemente se alimentan de baja volatilidad y las estrategias de momentum
(comprando las acciones que más suben y ponderan en los índices) se puede
explicar los niveles tan altos alcanzados. La pregunta es, qué pasaría (parece
que lo verán mis bisnietos) si todos estos vientos de cola cambiaran de
dirección (que los fondos pasivos vendieran y que, básicamente al estar todos
dentro, no hubiera compradores para todos esos activos ilíquidos).

Todavía hay algunas voces que
manifiestan su disconformidad con la marcha de la economía. Esta semana ha sido
Ray Dalio el que ha vuelto a dar nuevamente en el clavo con la alta fragilidad
de esta recuperación y lo que esconden muchas veces los datos. La diferencia
entre las tres variables estadísticas que estudiamos en el colegio, la moda, la
mediana y la media aritmética. Cuando los periódicos se lanzan en grandes
titulares a hablar de nuevos máximos en la riqueza de las familias, él lanza
sus cubos de agua helada. Si hacemos un desglose de esa riqueza llegamos a
conclusiones bastante desoladoras. El 20% más pobre de la sociedad americana
tiene de media y considerando el periodo 2007- 2016, 32.000 dólares menos que
en 2007. Entre el 20% y el 40% tienen 27.000 dólares menos. Entre el 40% y el
60% tienen 37.000 dólares menos. Entre el 60% y el 80%, 61.000 dólares menos.
Empiezan a ser positivos en el intervalo 80-90 con una mayor riqueza, de 66.000
dólares, y en el 10% más rico de la población con un incremento de 710.000
dólares. Las cifras me han causado gran sorpresa y estoy atento a que alguien
las rebata. En 1989 la mitad de la población más pobre tenía el 3% de la
riqueza mientras que ahora esa mitad tiene apenas el 1%. Seguramente la
sociedad americana sea un caso extremo, pero no deja de sorprender. La pregunta
es, qué pasará en los próximos años con los cambios en demografía, el pago de
pensiones, unas mayores necesidades sanitarias de la población, a medida que la
tecnología donde más destruye empleo es precisamente en esas capas de población.

 

Bueno, lo dejo aquí porque me
estoy agobiando más que Spiderman en un descampado.

Buena semana,

 

Julio López Díaz, 25 de octubre de 2017

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