Un antiguo rey
de la India sentenció a muerte a un hombre, el cual, al conocer la sentencia,
suplicó que le fuera condonada y prometió: Si el rey tiene compasión y me
perdona la vida, yo enseñaré a su caballo a volar en el plazo de un año.
Conforme, dijo el rey. Pero si, al cabo de ese tiempo el caballo no es capaz
de volar, serás ejecutado. Cuando más tarde sus familiares le preguntaron
preocupados cómo pensaba cumplir lo prometido, el hombre dijo En el plazo de
un año, el rey puede morir. O puede que muera el caballo. O ¿quién sabe?,
¡puede que el caballo aprenda a volar!
Los Bancos
Centrales siguen inyectando doscientos mil millones de dólares todos los meses
para mantener el chiringuito abierto, y aquellas medidas no ortodoxas
momentáneas, se han convertido en normales y permanentes, y sin saber todavía
como salirse de ellas. Todavía no sabemos si el caballo puede volar solo, o si
se morirá si le quitamos el pienso. Si el crecimiento del primer trimestre no
cumple las expectativas en USA, ya lo harán los siguientes trimestres. Y sí,
efectivamente, el cielo está lleno de Pegasos. La pregunta que debemos hacernos
es, qué efectos secundarios y a largo plazo pueden tener las políticas monetarias
actuales, porque si es una fórmula perfecta, y la economía se ha convertido en
una ciencia exacta como las matemáticas, todo ese movimiento de pérdida laboral
en el sector industrial será un juego de niños comparado con la gente que sobra
en el sector financiero. Todos a mandar currículums a Blackrock y a Vanguard. O
que diga Draghi directamente que Telefónica debe valer 20 euros o BBVA 15 y ya
está. Así sí creamos riqueza inmediata y nos dejamos de pamplinas. Parece un
escenario ideal. Históricamente, los gobiernos siempre han intentado corromper
la moneda, rebajando la proporción de metal precioso, y la consecuencia normal
era una inflación desbocada porque los comerciantes se protegían de recibir una
mierda de moneda a cambio de sus productos. Ese efecto pernicioso, de momento
no lo estamos viviendo ahora. De hecho, una de las cosas que buscaban los
Bancos Centrales, subir la inflación a niveles del 2%, apenas se está
consiguiendo, y lo único que se está creando es una burbuja de activos financieros.
Esto es una fuente directa de desequilibrios cada vez mayores en el reparto de
la riqueza entre los que los tienen y los que no. La remuneración de la mayoría
de la población, los salarios, se vuelven a quedar muy por detrás de la
recuperación. Los salarios reales están creciendo al nivel más bajo desde 2014
en Gran Bretaña, cuando no bajan como en Japón. Es curioso que, estando en
muchos países en pleno empleo, no haya apenas presiones para incrementarlos. El
otro desequilibrio que se sigue camuflando, es la transferencia de riqueza de
las generaciones futuras hacia las actuales, vía crecimiento desaforado de la
deuda, esas mismas generaciones que tendrán que afrontar nuestras pensiones.
Eso sí, el Bitcoin ha subido otro 50% esta semana desde mi carta de la semana
pasada. La pasada semana estaba en 1800 dólares y hoy en 2650.
Nueva semana, y
de los movimientos ligeramente vendedores de la anterior queda lo mismo que de un trozo de hielo en el desierto de
Almería. De momento, permanece la dinámica de comprar lo que sea en el momento
que baje un 0.000001%. Como decía Larra, el caprichoso público se deja llevar
por impresiones pasajeras; ama con idolatría y sin porqueé, y aborrece de
muerte sin causa. El único motivo que se sigue argumentando, es que no hay
donde meter el dinero, dados los tipos de interés que tenemos, y que la
intervención de los Bancos Centrales ha cambiado definitivamente toda la
historia de valoraciones, y tenemos un nuevo paradigma. No es un argumento muy
novedoso, y se suele rebatir en cuanto hay las primeras pérdidas en cartera. Ya
lo vimos en el año 2000. Esta misma semana, hemos tenido un nuevo mínimo en la
rentabilidad de los bonos basura europeos, que cotizan ya con un diferencial de
apenas 50 puntos básicos respecto a los bonos americanos. ¡Qué sin Dios! Sin
embargo, tengo que decir que los mercados sí han tenido un tema al que
agarrarse, la firma del contrato de venta de armas a Arabia Saudita. Uno de
esos conductores que dirigen estos mercados financieros tan queridos. Lo que
para el común de los individuos puede ser algo repugnante (subida de los gastos
armamentísticos, despidos de personal) es maná y miel para los mercados.
Cualquiera que
haya seguido el viaje de Donald Trump activamente, habrá conseguido un Master
en Conocimiento del Medio, Humanidades y Filosofía y Bajada del Guindo en
tirolina. El lunes firmó el mayor contrato de venta de armas de la historia de
Estados Unidos. Nada menos que 110.000 millones de dólares (supongo que habrán
puesto alguna cláusula para que Arabia no haga de mero bróker y se las pase
directamente al Estado Islámico, y tenga que ser como mínimo un leasing,
alquiler con derecho a compra). Eso sí, Melania con un par, no se ha puesto el
velo en su visita. Al día siguiente visita en Jerusalén a israelitas y
palestinos, y continuando con la comparación, los tiene como el caballo de
Espartero y suelta esta frasecita: I feel love in this place lo que hizo que
los altos dignatarios de ambos bandos dejaran de clavarse los tenedores por la
espalda durante unos instantes. Para acabar hoy, visita al Papa por la mañana y
a la OTAN por la tarde. Y luego dicen que los americanos no saben hacer
gazpacho. Es también una buena definición de pragmatismo. El fin justifica los
medios.
Para continuar
con el sainete, la comparecencia de Draghi hoy en Madrid. Aparte de ese tono
melifluo que adopta, que no se aleja para nada del mantra de que aplican la
política más adecuada en cada momento (como los antiguos sacerdotes, tienen
comunicación directa con los dioses) hoy nos ha sorprendido con dos salidas del
discurso cursi habitual. Por un lado, ha avisado de las estimaciones
excesivamente optimistas que los analistas tienen de los beneficios de las
entidades financieras, y por otro, ha hablado de los exuberantes precios de las
casas y los altos volúmenes de deuda. Me ha llegado el maxilar inferior a la
altura de los tobillos cuando lo he oído. Definitivamente, ha superado al rubio
Donald como tío con los mayores cojonazos del planeta. ¿Pero, cáspita, quién
diantres está detrás de estos alejamientos de la realidad, si son ellos los
incitadores? Voy a utilizar un símil escatológico y seguramente
desproporcionado, pero es como si a un adolescente pajillero y con acné, se le
acercara Megan Fox insinuante y con poca ropa, detrás de un cristal, y se
sorprendiera y escandalizara la voluptuosa actriz porque el joven empezara a
tocarse.
Todas las
propuestas de inversión que nos están llegando, vuelven a meter en la ecuación
el recurso al endeudamiento para obtener mejores tasas de rentabilidad, como si
todo lo vivido hace unos años, fuera tan solo un mal sueño de verano. Y todos
los proyectos presentan flujos crecientes en el numerador, haciendo compatibles
crecimientos altos de la economía con tipos de interés bajos. Claro, que si
tomamos los parámetros en los que el presidente americano se basa para
presentar sus presupuestos, hasta parecen bajos
Crecimiento de la economía del
3% anual durante los próximos diez años. Y sin pestañear, que para eso ha
tenido una carrera como actor ciertamente longeva.
Dicen que la
clave de la educación en los Países Bajos es que allí tiran zuecos en lugar de
zapatillas. Deberíamos aprender.
Buena semana.
Julio López Díaz, 25 de mayo de 2017


