El
multimillonario estadounidense Andrew Carnegie, gran enamorado de Francia y de
todo lo francés, solía decir en público: Daría un millón de dólares por saber
hablar en francés. Un día, al oírle, un periodista parisino le propuso que,
por mucho menos dinero, él se lo enseñaría, asegurándole que lograría
aprenderlo en menos de un año. Carnegie sonrió y rechazó la propuesta: – Mire
usted, yo doy un millón de dólares por hablarlo, pero por hablarlo sin
necesidad de tener que estudiarlo y aprenderlo.
En la economía
mundial han estado dando millones de euros, dólares, libras esterlinas, francos
suizos y yenes los Bancos Centrales, pero todavía no está claro que hayamos
aprendido algo o que esto sea suficiente y podamos prescindir del profesor. Los
Bancos Centrales siguen imprimiendo 200.000 millones de dólares todos los meses
y no tenemos claro si ya podemos pasar solos del rosa-rosae-rosa. La economía
mundial parece estar en un momento más dulce, pero seguimos con la bolsa de
suero inyectada en nuestras venas, y en un momento en el que muchos médicos
empiezan a preocuparse por los efectos secundarios del tratamiento, y la
conveniencia o no de seguir con el mismo. Las preguntas son sencillas: Si estamos
claramente en recuperación, ¿Por qué tenemos que meter medio billón de euros
todavía en el sistema europeo de aquí a diciembre? ¿No volveremos a crear (yo
creo que ya lo hemos hecho) una nueva burbuja?
De momento, los
pilares del desarrollo económico parecen en buena forma. Decía Aldous Huxley,
el autor de Un mundo feliz o Contrapunto, que las economías modernas se basaban en tres cosas: el gasto en
armamento, el recurso a la deuda y la obsolescencia programada. Y no puedo
estar más de acuerdo con el filósofo y escritor inglés.
En el caso del
armamento, vamos a ver sin duda un incremento en los próximos años, lo que
contribuirá a incrementar esa medida tan reduccionista y sin alma que es el
PIB. Desde que comenzó la crisis, el dinero destinado a esta partida no ha
dejado de reducirse en los países europeos, pero una de las primeras medidas
que se ha metido entre ceja y ceja al ínclito Donald es que todos los países de
la OTAN tienen que incrementar su presupuesto en defensa y colocarlo en niveles
de alrededor del 2% del PIB. El gobierno español, por ejemplo, se ha
comprometido a alcanzar ese 2% antes de 2025, cuando en la actualidad está
alrededor del 0.92%, es decir, que lo tenemos más que doblar. Si miramos como
están el resto de países europeos, no deja de sorprender (realmente si
tuviéramos a Erdogan de vecino a lo mejor la sorpresa no sería tanta) que sea
Grecia el país que más porcentaje de su PIB dedica a armamento, con un 2.38%
del PIB. Alemania, por ejemplo, dedica sólo un 1.19%.
Los gastos globales
de armamento se incrementaron por primera vez desde 2011 y alcanzaron 1.5
billones de euros, de los que alrededor del 35% los consume Estados Unidos y un
12% China. Para los que hablan de enfrentamiento entre Rusia y Estados Unidos,
sólo decir que los americanos gastan todos los años nueve veces más que los
hijos de Tolstoi. Y Trump pide que este año se incremente la factura en 54.000
millones de dólares más
El tema de la
deuda sigue aportando, aunque de momento la seguimos contemplando en un segundo
plano, pero sigue como una bacteria durmiente. En España, la deuda pública ha
terminado 2016 a un nivel del 99.4% del PIB. Esto supone una ligera reducción
del 0.4% respecto a 2015, pero revela la dificultad de aminorarla cuando
sobrepasa niveles del 90%, como ya aventuró Kenneth Rogoff. Creciendo casi al
3% y con tipos de interés en mínimos históricos, la partida de intereses
volverá a crecer este año, superando los 30.000 millones de euros el servicio
de la deuda. A esto habrá que sumar 10.000 millones más para financiar el ahora
sí, agujero de la seguridad social.
Con la
presentación de su propuesta de bajada de impuestos ayer, Trump también
menosprecia los problemas de la deuda. Cuando dices que haces una bajada de
impuestos con recurso a la deuda y no un adelgazamiento del gasto, lo que
ocultas es que esos impuestos deberán subirse en un futuro. Recuerden El ala
oeste de la Casa Blanca, cuando el becario preguntaba al presidente Jed
Bartlet, ¿Pero no es bueno que la gente reduzca sus deudas? y éste le
contestaba, Sí, pero es mejor que lo hagan en el siguiente mandato. No es lo
mismo predicar que dar trigo. De todas formas, pienso que Trump ha presentado
su propuesta (apenas un folio y sin muchas especificaciones) para cumplir con
sus promesas electorales, pero sabiendo que, seguramente, no pase los controles
del Congreso. Leen mucho la Biblia, pero se han saltado la historia de José y
su sueño de las vacas gordas a las que seguirán las vacas flacas. La tentación
de la patada a seguir es común a todas las culturas, países e ideologías, y la
cuestión de cómo financiar todo sigue sin contestación o formando parte del
Pasapalabra.
De la
obsolescencia programada no hay nada que ninguno de los lectores no haya
experimentado en carne propia, y menos esposa versión 3.0 (salvo algún amigo y
la Preysler) hemos pasado por todo tipo de actualizaciones.
Pero para
bajarnos un poco de las nubes de la macroeconomía, podemos pasar a la
microeconomía y los mercados, y la pregunta clave, cuando tenemos una empresa
¿Cuánto vale? Hace tres años decidimos ponernos cortos de Amazon. Estaba por
entonces en los alrededores de los 285 dólares y hoy vale 909 dólares (por si
quieren ir conmigo a elegir caballo al hipódromo). El punto fuerte de nuestro análisis era que
a pesar de ser una gran compañía innovadora, no ganaba apenas dinero para las
ventas que tenía, y que incluso volvería a perder dinero ese año, y el mercado
la seguía valorando en lugares cercanos a la estratosfera, y además se estaba
metiendo en negocios de dudosa rentabilidad como luego se demostraría, como el
de tener su propio móvil. Desde entonces las ventas han subido alrededor de un
50%, y el valor de su acción lo ha hecho en un 240% y su beneficio neto sigue
siendo apenas un 0.5% de su capitalización. Empresa magnífica para el usuario,
para el accionista pasado, y ya veremos para el accionista futuro. Obviamente,
dicha posición fue dignamente estopeada. Lo curioso del tema, es que había
una página web de damnificados por estar cortos de Amazon que seguíamos con
asiduidad, donde otros compañeros de equipo canalizaban sus iras.
Algo parecido
está sucediendo con Tesla, el fabricante de coches eléctricos. El llamado
dinero inteligente, lo ha estado vendiendo en descubierto desde que el mundo es
mundo, y a finales de marzo, el número de acciones cortas era de 31 millones.
Esto representa nada más y nada menos que el 26% de las acciones cotizadas. La
acción, por el camino, ha conseguido nuevos máximos históricos, superando los
310 dólares, y alcanzando los 51.000 millones de dólares de capitalización,
igualando a General Motors, con una ligera diferencia, que en Marzo la vieja
compañía ha vendido 63 veces más coches en Estados Unidos que Tesla, y que
durante los ocho últimos años ha ganado 47.000 millones de dólares y Tesla ha
perdido 2.700 millones de dólares. Para que se hagan una idea, Renault vale
24.000 millones de euros y Peugeot no llega a los 17.000 millones de euros. La
conclusión, a pesar de todo, es que ha habido un auténtico baño de sangre entre
todos los inversores que han estado cortos. Y eso que tienen argumentos
perfectamente válidos. Su cuota de mercado en USA es de apenas el 0.26%, y el
resto de fabricantes está desarrollando a toda velocidad vehículos eléctricos
(BMW, Honda, Volkswagen). Fabricantes que además pueden subsidiar la venta
cruzada con los beneficios de las ventas de sus coches convencionales, mientras
que Tesla está acudiendo permanentemente al mercado mediante ampliaciones de
capital para financiar los cash flow negativos. ¿Hasta cuándo? Debemos añadir
que Tesla ha hecho que todas sus patentes puedan ser utilizadas por cualquier
empresa. Esto no es ninguna recomendación de compra o venta, pero sí un caso
que miraremos dentro de cinco años, en el que valoraremos el ojo de halcón que
tuvieron los inversores en la compañía desde el principio, o por el contrario
discutiremos si el caso Tesla no fue un nuevo Ponzi. En cualquier caso, el 90%
de la gente dirá que ya lo veía venir. Y sobre todo, acerca mucho la profesión
de analista financiero a la de nigromante.
Pero bueno, como
decía un amigo mío, Yo no sé nada de ordenadores, ni siquiera sé cada cuanto
tiempo hay que cambiarles el aceite.
Buena semana,
Julio López Díaz, 27 de abril de 2017


