Antes de terminar del todo la
construcción del Monasterio del Escorial, invitó Felipe II al embajador de
Francia a visitar la obra. El embajador quedó asombrado. Había gran cantidad de
tejas amontonadas. El francés las vio y se permitió una ironía:
Mucho me temo que para acabar la obra, sobrarán
tejas y faltará oro.
Terminada la construcción,
Felipe II mandó poner, en el borde del tejado, algunas tejas de oro. Invitó
otra vez al embajador a ver la obra. Le señaló aquellas tejas y le dijo:
–
Como podéis apreciar, ha sucedido lo contrario.
Han faltado tejas para acabarlo y ha sobrado oro.
Yo sigo desconfiando de todos los
Felipes II con los que hablo, que me quieren seguir vendiendo oropel por oro.
Con el megáfono a todo lo que puede dar de volumen, sigo advirtiendo de todas
esas divergencias que seguimos viendo, a pesar de que los periódicos sigan
hablando de la superación de máximo tras máximo. Al final, la Reserva Federal
subió tipos como esperábamos, pero a la vez presentó su cuadro de estimaciones
de puntos donde cada miembro del Comité dibuja a lo Joan Miró, donde creen que
van a estar los tipos de interés a lo largo del tiempo próximo. Y la principal
lectura que yo saco de la reacción del mercado, es que desconfía por primera
vez, y de forma clara, de los pasos que está dando el máximo órgano monetario
americano, y piensa que no va a subir tanto como ellos mismos dicen. La subida
de tipos en 25 puntos básicos ha supuesto una bajada de la misma proporción en
la rentabilidad del 10 años americano, pasando del 2.65% al 2.40%, reflejando
nuestra visión de que es el único activo del mundo que no está totalmente ido.
Y si miramos el crecimiento del PIB a 2 años, vemos que las previsiones ya no
llegan al 2%.
La bolsa americana, tras fijar un
nuevo máximo el día posterior a la comunicación, se encuentra ya en negativo
desde comienzo de mes, y después de 107 días, ha tenido su primera caída
superior al 1%. (¡¡¡¡STRONG BUY, ES UNA OPORTUNIDAD ÚNICA EN EL PRÓXIMO
MILENIO!!!).
Para ver los niveles esotéricos a
los que ha llegado la valoración de algunas empresas, se pueden hacer ya
comparaciones curiosas. Por ejemplo, la capitalización de Apple es equivalente
a la capitalización de toda la bolsa de Seúl (recordemos que incluye a
Samsung); la de Johnson&Johnson es equivalente a la de toda la bolsa de
Brasil, la de Pepsico a toda la bolsa rusa, la de Disney a toda la bolsa de
México, la de Netflix a toda la bolsa de Filipinas y la de Tesla a toda la bolsa
de Colombia. Eso, si hacemos la comparación en términos de valores bursátiles.
Si lo comparamos con los PIB, tenemos, por ejemplo, que los cuatro grandes
bancos americanos capitalizan lo mismo que el PIB de España. Todas estas cifras
son enormemente sanas.
En la olvidada China, también
están pasando cosas curiosas, que van a dejar como una broma la crisis del
sector financiero español o italiano. Desde el comienzo de la crisis, los
activos bancarios chinos han pasado de 5 trillones de dólares americanos a 35
trillones. En el mismo periodo, en Europa se ha pasado de 27 a 31. Todo esto
escondido bajo el paraguas de Papá Estado, y con unos niveles de morosidad de
difícil evaluación. Esta semana, en el mercado interbancario, ha habido las
primeras operaciones fallidas de bancos rurales chinos, y ha tenido que
intervenir el PBOC inyectando fondos y aumentando los tipos de interés hasta
alcanzar máximo de dos años. El nivel de apalancamiento es brutal, y el destino
sigue siendo el mercado inmobiliario ¿les suena? Y la clave es si el rector
monetario va a dar un susto y un aviso verdadero o va a seguir permitiendo que
le tomen por el pito del sereno y sigan con las operaciones modelo casino on.
Como ya venimos narrando, la labor de vigilante de los Bancos Centrales es un
poco asimétrica, y poner palos a las ruedas de los crecimientos insanos les
cuesta más que a Trump dejar Twitter. Al final, los ingresos derivados de la
construcción siguen representando casi el 50% de los ingresos fiscales para
muchos pueblos y regiones. ¿Les vuelve a sonar? Y nadie quiere poner el
cascabel al gato.
Al final, la clave para pensar
que la subida de los activos financieros e inmobiliarios es un reflejo del
crecimiento real de la economía, nos tenemos que plantear si ha cambiado algo en las medidas que
considerábamos cruciales, y que eran necesarias para que todo lo que sale en
las portadas de los periódicos no sea artificial. Pensando en Europa, por
ejemplo, ¿se ha conseguido avanzar en las reformas estructurales necesarias
para ganar competitividad o se siguen demorando con la excusa de una próxima
elección parlamentaria?
Segundo. Parece que los Bancos
Centrales han tenido éxito en la subida de los precios de los activos a pesar
de unas condiciones económicas muy lejos de igualar las valoraciones de las
empresas. Pero más allá de esos productos financieros donde los inversores
puedan hacer apuestas de las que piensan (erróneamente, en mi opinión, como
reflejé en mi carta de la semana pasada) que pueden salirse sin problemas, o con
la protección infinita de los Bancos Centrales, realmente los agentes que
asumen riesgos económicos a largo plazo (invertir en nuevas fábricas,
contratación y formación de nuevo personal), ¿lo están haciendo para garantizar
retornos futuros, o nos hemos limitado a traer a valor presente todos los
flujos futuros?
La tercera cuestión, ¿se ha
mejorado algo el sobreendeudamiento de la economía? ¿Estamos preparados para
una normalización de tipos?
Cuarta pregunta: ¿Se ha avanzado
realmente en el proyecto de integración regional europea o nos estamos
contentando con un mero achique de balones fuera del área, sudando cada vez que
viene el ataque del tridente de turno? Vamos a ver la hora de la verdad con las
negociaciones reales del Brexit.
Quinta pregunta: Viendo lo que
está pasando de nuevo con el tema inmobiliario en Madrid, ¿hemos aprendido algo
de la crisis anterior? ¿No hay otro modelo en España fuera de Pepe Gotera y
Otilio?
Sexta pregunta: ¿Qué pasa con la
demanda agregada de la economía? ¿La desigualdad en el reparto de la riqueza
está distorsionando terriblemente el crecimiento, dando un peso exagerado a la
inversión en activos financieros que no se refleja en un mayor gasto total? ¿La
política de rentas que han realizado los Bancos Centrales y que no se atrevieron
a hacer los gobiernos, penalizando al ahorrador medio para beneficiar a
Gobiernos, corporaciones y rentas archialtas puede estar detrás de esta bajada
de la demanda, al tener que reservar una mayor cantidad de ahorro para consumo
futuro?
Si creen que realmente ha habido
un drástico cambio en todas estas cuestiones, pueden seguir haciendo las
apuestas todo al rojo. Si no, quizá deberían pensar en retirarse de la mesa y
volver más adelante.
Muchos de los problemas del mundo
de hoy son el resultado final de medidas a corto plazo adoptadas en el siglo
pasado.
Buena semana,
Julio López Díaz, 22 de marzo de 2017


