Ulisses S. Grant.

Ulises S. Grant no tenía ninguna
disposición para la música. Una vez, cuando ya era presidente de los Estados
Unidos, tuvo que asistir a un concierto. Después de un rato, le dijo al que
estaba a su lado: “La verdad es que yo de música entiendo muy poco. Y como
conocer, sólo conozco dos piezas: nuestro himno nacional y otra de la que lo
único que sé, es que no es el himno nacional”.

Han pasado ya más de cien días
desde las elecciones americanas, y aunque sólo hayan transcurrido cincuenta desde
la toma de posesión de Trump, el nuevo presidente sigue vigorosamente
desplegando la única música que sabe cada vez que le ponen un micrófono o le
dejan abierta sin querer su cuenta de Twitter. Cualquier discurso parece seguir
centrado en una  campaña electoral que no
hubiera concluido, pero sigue careciendo de la claridad necesaria para saber
cómo se va a llevar a cabo. Aparte del “believe me” que mete Trump al final de
cada frase que hace, no tenemos nada donde agarrarnos. Pero no por ello decrece
el optimismo económico entre los estadounidenses. Sigue habiendo una sensación
generalizada de que será pro-business, pero yo no tengo claro que el business
signifique que el ciudadano medio se vaya a ver favorecido. Puedes favorecer a
las empresas actuales y machacar a las generaciones futuras. Puede favorecer a
las industrias del país, a costa de perjudicar la competencia internacional y
con ello la capacidad adquisitiva de los consumidores. Favoreces a las empresas
a corto plazo, pero “esa protección” del Estado significa que las empresas no
aprenderán a ser competitivas a largo plazo, cuando se eliminen las ayudas.
Favoreces a las empresas, tal vez mirando a otro lado en cuestiones
medioambientales, de evasión o de fraude a los consumidores. Favoreces a los
negocios, volviendo a desregular el sector financiero, olvidándote de casos
como el de Countrywide, uno de los bancos responsables de las hipotecas basura
que dio 600 millones de dólares a su fundador Angelo Mozilo antes de su quiebra
y que le hace poder vivir sin muchos problemas los próximos años. Favoreces a
los negocios, diciendo en campaña que eliminarías las prácticas opacas de los
lobbys, pero nombras Secretario de Estados a cabezas visibles de los mismos.
Nombras al Presidente de Exxon jefe de la política exterior, a un ex-Goldman en
el Tesoro, a la hija de un naviero como Secretaria de Transportes y a un especialista
en fondos buitre como Secretario de Comercio, cuya relación con el presidente
le viene de lograr un acuerdo con los bonistas y evitar que los Casinos de
Trump fueran a la quiebra. Favoreces a los negocios, nombrando al frente de la
Agencia Medio Ambiental al abogado que pleiteó contra esta misma agencia en
Oklahoma, trabajando para la industria petrolera. Favoreces a los negocios,
poniendo al frente de la SEC (el equivalente a nuestra CNMV) a un abogado que
ha hecho toda su carrera defendiendo a compañías acusadas de fraude y
corrupción internacional. Y además el nuevo chairman de la SEC está casado con
una socia de Goldman Sachs, compañía regulada por la propia SEC. Favoreces a
los negocios, atacando a las empresas que intentan invertir fuera de Estados
Unidos. Le agradeces tremendamente a United Technologies su decisión de
cancelar sus planes de sustituir su planta en Indianápolis por una en México y
lo disfrazas de unas mejoras fiscales, pero no comentas que le hubiera supuesto
a la facturación de United Technlogies esta decisión, cuando la mayor parte de
sus ingresos depende del Gobierno. Agradeces las inversiones extranjeras como
la de la teleco japonesa Softbank, pero no comentas que esta empresa es la
propietaria de otra teleco, Sprint y que busca como loca la aprobación de la
fusión con T-Mobile para incrementar su poder de mercado (el que va a dar el
visto bueno no ha sido todavía nombrado, por cierto).

Como decía Tancredi a su tío el
Príncipe Fabrizio, tras el desembarco de las tropas de Garibaldi en Sicilia “Si
queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. “Y ahora, ¿qué
sucederá?  ¡Bah! Tratativas pespunteadas
de tiroteos inocuos, y después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado,
una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.

De momento, parece que los
mercados americanos se han quedado adormilados esperando ver por dónde se tira,
y con la mirada puesta en el techo de la deuda que se alcanzará este mes, y en
los cargos políticos pendientes de designar. Uno de los claves, pero que no se
hará efectivo hasta febrero de 2018, es el de presidente de la Reserva Federal
americana. A Yellen le vence el contrato para entonces, y hay casi unanimidad
en que su mandato no será renovado. No hay que olvidar que Trump cargó durante
toda su campaña contra la forma de actuar en política monetaria de la FED. Y
empieza ya el baile de posibles, y uno de los que empiezan a recibir boletos de
apuestas es John Taylor, lo que supondría un cambio brutal respecto a lo visto
hasta ahora. La Regla de Taylor estaba siendo utilizada por la FED como
herramienta y no como regla. La regla de Taylor puede utilizarse de forma
simplificada para explicar la fijación del precio oficial del dinero por parte
de los Bancos Centrales, en función de las previsiones sobre inflación y
crecimiento económico. Taylor ya mostró en un trabajo sobre el mercado
inmobiliario y la política monetaria (2007, Reserva Federal de Kansas) que
durante el periodo 2003-2006, el tipo de interés de la Reserva Federal estuvo
por debajo de “su regla”, y esta fue una de las principales causas de la
burbuja en el precio de la vivienda en Estados Unidos, mostrando que si los
tipos de interés se hubiesen fijado de acuerdo a su fórmula, el boom inmobiliario
y su posterior crisis, no se hubiesen producido. En términos generales, supone
que el precio oficial del dinero se fija en función de la suma ponderada de la
inflación y de las desviaciones del nivel de producción respecto a su valor de
equilibrio a largo plazo. Para no extendernos mucho, significaría que el tipo
de interés debería estar más o menos en el 4% en Estados Unidos, claramente muy
por encima de la banda actual del 0.50%-0.75%. Pero no solo se reemplaza a la presidenta,
sino que hay al menos otros tres cargos que deben ser renovados (con una
propuesta de Trump al Senado) en este año. El cambio de sesgo en los directores
de la Reserva Federal respecto a los actuales sería sin ninguna duda, un factor
clave para los mercados. Ya saben que nosotros, bajo las condiciones actuales,
no esperábamos muchas subidas de tipos de interés, debido sobre todo al alto
stock de deuda. Esto cambiaría drásticamente esta visión, y seguramente se
acelerarían las subidas de tipos, con un efecto muy pernicioso para las
cotizaciones bursátiles. Estaremos atentos.

Como decía Mike Tyson, “todo el
mundo tiene un plan, hasta que te parten la cara”.

Buena semana,

Julio López

 

Compartir:

Otras entradas